16 Diciembre 2017 3:04 PM

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La tolerancia del presidente vs la tentación de los buitres

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto | ACTUALIZADO 19.03.2017 - 5:25 pm

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El ser humano vive perennemente sometido a tormentos y a envestidas con los que se pretende mortificar su sensibilidad y su ocupación. Habría que tener la piel de un acorazado para poder tolerar los arponazos que desde diferentes emplazamientos recibe el hombre de gloria cuya reputación crea en el otro escozor y hay que embestirlo como aquella misión durante la Segunda Guerra Mundial que buscaba destruir la inexpugnable fortaleza alemana en el mar Egeo donde estaban instalados unos cañones que hundieron varios barcos de la fuerza aliada y después terminó ese episodio de guerra en una película titulada «Los cañones de Nevarone« (1961), protagonizada por Gregory Peck, David Niven y Anthony Quinn.
    
Charles Maurice Telleyrand, político, diplomático y estadista francés, quien ocupó cargos de gran relevancia política durante el reinado de Luis XVI, referido por Joaquín Balaguer en su obra «Un cortesano de la Era de Trujillo», se comportó como un «maestro en el arte de pervivir en medio de las mayores tempestades, se elevó sobre todos los estadistas de su época porque utilizó siempre para encarar la versatilidad de los autócratas a quienes sirvió el arma de la tolerancia».
    
Rememoró el expresidente, escritor y experimentado político dominicano y el más espoleado durante sus mandatos, que una de sus enseñanzas que le proporcionaron su permanencia durante más de sesenta años en la actividad política es «la del valor que tiene para un hombre público el dominio de sus sentimientos y de sus reacciones ante la crítica por injusta y mordaz que esta sea».
   
En sociedades como la dominicana donde los gobernantes están expuestos a las inconsistencias o altibajos emocionales de sus opositores, a las constantes y solapadas artimañas y a las mendacidades más desaseadas que se le pueden decir a un jefe de estado hace que nos acerquemos como símil al episodio humillante relatado por Balaguer en la obra citada en el que Napoleón recubrió a Telleyrand de «insultos en presencia de toda la Corte y en vez de responder a aquel acto de violencia con otro de la misma especie se limitó a decir: «¡Qué lástima que un hombre tan grande sea tan mal educado!».
    
La oposición siempre se comportará despiadada y tendrá a su alcance invariablemente montones de piedras para lanzárselas a quien esté dirigiendo los destinos del país porque esa es su naturaleza política, la del impío, como el irreligioso.
    
Frente a la irreverencia de los cañones de la oposición, de algunos grupos de la sociedad civil y de los medios de comunicación que se juntan como las hienas cuando la lucha de intereses económicos y políticos contrata su agresividad informativa fermentada y desalmada. Frente a los dardos envenenados el gobernante como Danilo Medina debe de volverse en cambio tolerante ante la crítica o el sentir de los verdes y de los demonios de Abaddón de la mitología teológica, con cabezas humanas, dientes de león y cola de escorpión, convertido en Partido Revolucionario Moderno (PRM) que busca apoderarse del gobierno de la República sin ir a unas elecciones.
    
Enaltece la tolerancia que exhibe el presidente Medina ante los hostigamientos constantes a que ha estado sometido este gobernante por algunos de los grupos que respaldan que la termoeléctrica de Punta Catalina sea puesta en mano de los generadores privados. Detrás de este intento está el tizón de fuego que aviva las protestas contra el Gobierno para tratar de hacer saltar al presidente Medina del cargo anticipadamente. ¿Qué podría pasar si los verdes y el PRM logran ese objetivo antidemocrático?
    
Siempre es sabido que los gobernantes dominicanos lean los consejos políticos que ha dejado escrito el doctor Balaguer, puesto a que entenderlos y aplicarlos en su momento sería prudente para alcanzar el éxito político y evitar que el país se desborde de su cauce democrático convirtiendo la sociedad en un pandemónium de individuos dándose codazos el uno al otro por ocupar la presidencia de la República a cuyo propósito ninguno quiere ceder un ápice.
    
El político y escritor santiagués y gran orador nos hace recordar en su libro comentado en este trabajo una referencia hecha por el expresidente estadounidense Richard  M. Nixon en su libro «Líderes», el cual es una obra muy personal, llena de objetividad, escrito por un hombre que supo lo que significa el poder. «Nixon —comenta Balaguer— dijo que el también expresidente norteamericano Lyndon Johnson carecía de esa cualidad preciosa de un político y que bajo su apariencia fría ocultaba un temperamento en extremo sensible a las censuras de los medios de información que les eran adversos». Afortunadamente el presidente Danilo Medina Sánchez no presenta los rasgos de dureza a la crítica de la cual escribió Nixon que tenía Johnson, entonces ¿por qué se empecinan los verdes, los grises y los negros que no llegan a grises por tumbarlo recurriendo al vapuleado expediente de la Odebrecht y a tratar de enajenar a Punta Catalina a los buitres?
 
 


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