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La negación: repudio absoluto a lo dañoso

Lidia Melania Emeterio Rondón

Lidia Melania Emeterio Rondón

Lidia Melania Emeterio Rondón | ACTUALIZADO 16.03.2017 - 6:36 pm

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Primera parte

“He aquí las causas por las que  un hombre mata.
Aquí en el Cibao  dos cosas deshonran: robar o soportar una injuria”
Juan Bosch, “Camino real”


En la literatura dominicana, respecto del arte y de la producción cuentística nacional e  internacional, es el profesor Juan Bosch quien goza del mayor mérito y ponderación en el género. Esa producción, muchas veces didáctica, ha servido de marco en análisis sociales, políticos, culturales, y de género. La diversidad de los temas, las tramas y los finales, han hecho fluir una diversidad de interpretaciones, y a veces, (¿por qué no?) cierto nivel de distorsión y retorcimiento del propósito de su autor. Un buen ejemplo es el cuento “Luis Pie”, uno de los más divulgados. Los análisis derivados, en su mayoría, han sido con el objeto de culpabilizar a República Dominicana de la desgracia social de Haití, y de seguro que no fue eso lo que pensó Bosch.
   
De Juan Bosch debe importarnos, en buena dosis, su punto de vista ético, porque este nos interpela en cada ocasión, en lo colectivo y en lo individual, por eso, el momento estelar que vive el país bajo la presión del: descrédito nacional e internacionalmente por la desenfrenada corrupción y el robo desmedido, hace exacta la ocasión para conocer y socializar el muy poco divulgado cuento, “La negación”, pues este se nos revela hoy como cosa animada, como denuncia acusadora de nuestros comportamientos en la acción o en la de inacción. Vale la pena echar manos a los precedentes éticos, sean físicos e inmateriales, y dicha historia sirve a estos propósitos.
   
¿Cuál es el asunto abordado en “La negación”?. Se trata, en apretada síntesis, de una narrativa breve donde se presenta la actitud de un padre, José Dolores, quien salió de su campo para visitar a Eufemio, su hijo. Iba contento. El recordaba que cuando salió, primero le dejó lista la tierra para sembrarla, entonces – pensó- ya debía estar cosechando. Al llegar a la casa se encuentra con la mujer de este, y un niño pequeño. José Dolores se identificó como el padre de Eufemio.
   
Lleno de alegría se entretuvo un rato acariciando al nieto y prometiéndole un regalo. Luego de un tiempo prudente, preguntó por el hijo. La mujer, con cierta dificultad, le dijo que este no se hallaba, pues estaba preso. Ante la pregunta del ¿por qué?, ella respondió: robó. Al escuchar la palabra “Robó”, el hombre pidió excusa a la mujer diciéndole que él no era el taita(el padre) de Eufemio, y se marchó. “Quiso detenerse, sin embargo, tuvo fuerzas para saltar la tranca con agilidad. Ni siquiera volvió la cara antes de tragárselo el recodo”

La actitud del personaje principal de “La negación” es el punto de vista ético de su autor, actitud  que mostró en toda su trayectoria de vida. Ya en su primer cuento” Camino real” había dicho a través de uno de sus personajes “Dos cosas avergüenzan a un hombre en el Cibao: robar o soportar una injuria”. Este cuento es una expresión diáfana de una literatura al servicio de la sociedad y los valores esenciales, como lo es la honestidad. Desenvolvamos esta creación literaria. en estos momentos y lo hago en nombre de muchas personas, que frente a tanto robo, reaccionan como quien quiere despegarse del vestido, una garrapata. No sabia Bosch la trascendencia que, en el tiempo, tendría ese mensaje, ni pudo imaginar que, en los hechos, muchos de sus discípulos / lo traicionarían aplicando desde el poder una NEGACION pero a la inversa.
  
 Estos discípulos han decidido desdeñar y ridiculizar el digno proceder de respetar los bienes y riquezas públicas, y en su lugar, se reafirman y engordan en la corrupción, impunidad, soborno, atraco, el dispendio, complicidad y conexidad en el delito, enriquecimiento al vapor y otras modalidades del robo desde lo alto. Esta inconducta tiene un efecto de arrastre e imitación en los sectores populares, los cuales, copiando el accionar de los de arriba, están imponiendo la zozobra en la ciudadanía como quien anhela implantar una cultura deleznable sobre la base de que “robar es la vía  para  poder ser”.
                                                                                                                    


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