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Lo que algunas mujeres no quieren que los hombres sepamos

Redacción | ACTUALIZADO 15.03.2017 - 6:06 pm

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El movimiento feminista en sus orígenes planteó tres metas principales: derecho al sufragio, derecho a estudios universitarios, y un matrimonio igualitario.
  
 Algunas postfeministas consideran que estas metas se lograron, y que las mujeres deben buscar ahora metas de política general, como podría ser la lucha por la soberanía o por la familia. En apoyo de esta posición, en la mayoría de los países se ha logrado una impresionante igualdad jurídica, y en muchos casos la mujer disfruta de privilegios, como son las cuotas al congreso, hasta un año de licencia por maternidad, y leyes especificas para su protección. Sin embargo, cada vez que llega el “día internacional de la mujer”, la prensa nos trae cifras sugiriendo que el patriarcado sigue oprimiendo a la mujer. En contubernio con esto, los organismos internacionales eliminan de sus agendas la promoción de la familia, y nos exigen priorizar a la mujer. Ejemplo de esto son los objetivos del milenio: ninguna referencia a la familia, y muchísima referencia a la mujer, e, igualmente, no tenemos ministerio de la familia, pero tenemos ministerio de la mujer.
   
Las cifras reales, sin embargo, sugieren que ya es tiempo de incluir a toda la familia en la lucha por la equidad, y a esto me refiero a continuación.
   
En primer lugar, a pesar de las supuestas inequidades hombre / mujer, las mujeres tienen mayor longevidad que los hombres. ¿No deberíamos los hombres hacer algún reclamo, a ver si se corrige esta inequidad?
  
 En segundo lugar, en todas las edades, desde el embarazo hasta la vejez, los hombres se mueren más, y le caen las peores enfermedades. Parecería que la misma naturaleza se ha ido en nuestra contra, pues, mueren más fetos masculinos, más recién nacidos, más niños y adolescentes, y más adultos que adultas… ¿No es injusta esta diferencia?
   
En tercer lugar, la violencia en las calles mata más hombres que mujeres. No solo es por la guerra, sino que cuando sale un disparo, o se lanza una estocada, del otro lado casi siempre se encuentra un hombre. ¿Quién es responsable de esta inequidad?
  
 En cuarto lugar, la violencia doméstica produce tres veces más victimas femeninas que masculinas, pero, ¡la mujer inicia el pleito con más frecuencia el hombre! Para agravar la cosa, algunos organismos internacionales tienen el sesgo de solo medir violencia contra la mujer, y se olvidan de las estadísticas del hombre. ¿No sería justo, por lo menos, hablar de violencia doméstica en lugar de violencia de género, lo cual solo incluye a la mujer?
   
En quinto lugar, en las naciones desarrolladas, la violencia masculina está en baja, mientras la violencia femenina está en alza. No recuerdo un solo estudio que confirme esa cifra que tanto se repite, de 90 mujeres víctimas contra 10 hombres víctimas. Los datos reales sugieren una relación más bien de 60/40, y con tendencia a igualarse. ¿Está nuestro sistema social preparado para brindar ayuda a los hombres abusados?
   
En sexto, lugar, aunque en 50% de los pleitos maritales hay agresión recíproca, en la fiscalía le creen a la mujer y trancan al hombre. La realidad es que, salvo los psicópatas, todos tenemos un sentido de mayor protección a la mujer. ¿No deberíamos ser más equitativos?
   
En séptimo lugar, los hombres acuden menos a quejarse, y cuando lo hacen, en la policía se burlan de ellos. Esta es la otra cara del machismo, que se rían de uno en su propia cara, pues a la mujer le cogemos lástima, y de los hombre nos burlamos. ¿Es eso machismo o feminismo?
   
En octavo lugar, si un hombre agrede en público a una mujer, los otros hombres defienden a la mujer, pero si una mujer golpea en público a su marido, nadie se mete. Hay un estudio sobre esto que se puede buscar en Youtube y en Google. ¿No deberíamos hacer una campaña para desmontar esta terrible inequidad?
   
En noveno lugar, es más fácil que una mujer tenga varios maridos, a que un hombre tenga varias mujeres. En realidad, la naturaleza fue más prodiga con ellas, pues les dio, no solo clítoris y vagina, sino “Punto G”, y un músculo pubocoxigeo que hace maravillas… ¿No debió la naturaleza ser más equitativa con la naturaleza del varón?
   
En decimo lugar, la supuesta inequidad salarial entre hombres y mujeres es un mito muy bien fabricado. En realidad, lo que se calcula es la diferencia salarial entre el total de hombres y el total de mujeres, sin importar el puesto ni el horario, pero lo presentan como si la empresa pagara un salario diferente por un mismo puesto. ¿No es tiempo de comenzar a poner las cosas en su lugar, y de medir a la mujer con la misma vara con que se mide al varón?
  
 ¡El mejor proyecto, para todos y todas, es promover la familia nuclear, de modo que que papá y mamá tengan la feliz oportunidad de criar a sus propios hijos!

Por José Dunker


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