25 Junio 2017 7:59 PM

PortadaOpiniónColumnas

Cuaresma un camino para regresar a Dios

Luis Alberto De León Alcántara | ACTUALIZADO 15.03.2017 - 6:05 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

El sentido fundamental de la Cuaresma se encuentra en la Pascua. El cristiano hace un camino de ayuno, sacrificio y penitencia para llegar a Dios. Sabemos que la iniciativa siempre es de Dios, pero un corazón arrepentido es un espacio oportuno para que Él pueda transformar el interior del ser humano. Porque es precisamente cuando nos reconocemos necesitados de su presencia que recibimos la fuerza y la ayuda para vivir según su voluntad.
   
Dios siempre está con los brazos abiertos, esperando nuestro regreso. Es un Dios de perdón y de misericordia. Esta es la razón por la que la Cuaresma le ofrece al hombre todos los medios eficaces para poder encontrarse con Él. Pues el Altísimo quiere que todos los hombres se salven  y lleguen al conocimiento de la verdad. No es propósito divino que las personas fracasen, ni se mantengan en la oscuridad cargando sus mismas dolencias. Todo lo contrario, como fuimos creado a su imagen y semejanza, constantemente procura conducirnos por el mejor camino. De aquí que no se cansa de esperarnos, de dejarnos las puertas abiertas.
   
En la Cuaresma sentimos la confianza del Salvador. Contemplamos el amor hecho criatura, al Redentor, al Hijo de Dios. Aquel que su máximo testimonio nos lo ofrece muriendo una cruz. Ese que salió en rescate de los hombres. Él, que se hizo hombre para comunicarse mejor con nuestra vida terrenal y presentarnos el plan salvífico de su Padre. Venía con la propuesta de Salvación y felicidad que le ofrece a todos aquellos que sienten la llamada en su corazón de dejar el pecado para asumir un nuevo estilo y comenzar a transitar por los senderos de la esperanza.
   
Por eso, no podemos tener miedo. No se puede inventar faltas excusas para dejar que la Cuaresma se convierta en nosotros un puro ritualismo. Tampoco en este tiempo penitencial se puede vivir de la simulación, brindando o, mejor dicho, vendiendo una imagen de que estamos viviendo la conversión a plenitud, de que somos santos e inmaculados, de que estamos meditando la pasión y la muerte con nuestro corazón en las manos. Es decir, la Cuaresma no es para engañarnos a nosotros mismos, sino para presentarnos ante Dios tal y como somos, con nuestras fortalezas y debilidades, para recibir su perdón y su paz.
   
Dijo en una ocasión el papa emérito Benedicto XVI, “hay muchos caminos para llegar a Dios”. Dentro de ellos tenemos la Cuaresma. De aquí entonces que debemos detenernos, hacer todo lo posible para poner nuestra vida a los pies de Jesús. Ser humildes y contemplar el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.        

No quedarse mirando lo que somos, sino lo que podemos llegar hacer si confiamos plenamente en Dios, porque Él lo puede todo, y sin su presencia, los cristianos no pueden hacer nada. Por tanto, dejémonos iluminar por Jesucristo y veremos cómo nuestra vida se transformará existencial en ofrenda de salvación para otros.



0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.




Anuncio Adwords