26 Febrero 2017 5:24 PM

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Monseñor Víctor Masalles, obispo de Baní

Felipe de Js. Colón

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Felipe de Js. Colón | ACTUALIZADO 16.02.2017 - 7:11 pm

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El pasado once de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, la feligresía de la Diócesis de Baní, recibió con alegría a su tercer Obispo: Monseñor Víctor Emilio Masalles Pere. La solemne celebración de la Eucaristia y rito de instalación, tuvo lugar en la Plaza de la Cultura Joaquín S. Incháustegui. Contó con la presencia de los miembros de la Conferencia del Episcopado Dominicano, numerosos sacerdotes, consagrados, laicos, autoridades civiles y judiciales.
   
El rito de instalación del nuevo obispo es sencillo, el señor canciller, Reverendo Padre José Joaquín Domínguez, presentó la Bula del Papa Francisco, ante el Colegio de Consultores, y luego dio lectura a las Letras apostólicas al pueblo de Dios congregado, allí se describe las motivaciones y designaciones del Romano Pontífice para nombrar y elegir al nuevo pastor que apacentará a esa pequeña porción del pueblo de Dios en Baní y sus provincias de San Cristóbal y San José de Ocoa. Inmediatamente el señor Nuncio entrega el báculo a Monseñor Masalles, símbolo del pastor, y en ese instante, es constituido obispo de la Diócesis de Baní.
   
El señor nuncio, Monseñor Jude Thaddeus Okolo, expresó algunas cualidades del nuevo obispo, entre las que se destacan, que es un hombre de fe, y que puede guiar a los banilejos a la salvación”. Dijo, además de Víctor Emilio, que es un hombre con temor de Dios, de magnífica capacidad, e inteligencia, y que el nuevo mitrado goza de la confianza de la Iglesia.
   
Indiscutiblemente que Dios tenía un plan con el hermano Masalles. En el año de 1961, sus padres: el señor David Masalles Lafulla y la señora Regina Pere, españoles, tuvieron que regresar a su tierra, por voluntad tiránica del sátrapa de Trujillo, quien le dio 24 horas para abandonar del territorio dominicano. La joven Regina estaba embarazada de Víctor.        

Este episodio, recuerda cuando la Virgen María tuvo que salir a Egipto con el niño Jesús para que Herodes no lo asesinara. Retornan a la República Dominicana en el año de 1965. Víctor es el segundo de tres hermanos. Su padre David es considerado el “padre de la Química dominicana”. Después de haber cursado la carrera de Economía en la UASD e incursionado exitosamente en el mundo laboral, una grave hemorragia, lo mantuvo siete días postrado en la cama. Allí unos hermanos de la Renovación Carismática Católica oraron por él, y milagrosamente se detiene la hemorragia, y años más tarde, el Dios de la Vida interviene, a través de un sacerdote, y es curado de hemofilia. El año de 1985, Dios lo llama al ministerio sacerdotal, si en el pasado sintió la presencia sanadora del Señor en la postración, ahora encumbrado en las alas propia de la juventud, y con un futuro profesional promisorio, Dios irrumpe en la vida del joven Víctor, respondiéndole de inmediato que sí, como dijo María de Nazaret al Señor.

En su homilía muestra ser un hombre de fe, espiritual, un hijo de Dios que alcanzado madurez humana, sacerdotal, pastoral e intelectual. Los problemas sociales tocan las fibras de su corazón por lo que le preocupa La delincuencia, el narcotráfico y la corrupción. Además anhela que con su llegada a la iglesia local de Baní, puedan juntos construir, “una sociedad en la que la esperanza no sea sólo para los avivatos y los corruptos, sino sobre todo para los pobres de espíritu y los mansos de este mundo”.
Una de sus prioridades como Pastor será la erección de un Seminario Menor para todos los jóvenes que se sientan llamado a servir al Señor, conjuntamente pondrá un interés especial para cultivar la fraternidad sacerdotal.
   
El mismo día de su nombramiento, como obispo electo de Baní, visitó a la patrona de la diócesis, Nuestra Señora de Regla, y le pidió su bendición, para Monseñor Víctor Emilio, la vida es un don de Dios, y tiene claro que el derecho a la vida, es inapelable a la fe cristiana. Tiene entre sus planes pastorales declarar a Baní una “Ciudad Provida”, y declarar a Nuestra Señora de Regla como “madre de los no nacidos”.
   
Me uno en oración alegre, junto a la ciudad de los poetas, Baní, para que Monseñor Masalles Pere, pueda ser un administrador fiel y prudente. Que la feligresía banileja le ayude a pastorear con el corazón del Buen Pastor, que pueda enseñar la Palabra de Dios, tal y como reza su lema episcopal: “Praedica verbum”, y al mismo tiempo, a ser un pastor cercano, santificando al pueblo, a través de la celebración de los sacramentos. ¡Felicidades!


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