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La forma en que Dios forma nuestro carácter

Maricela Ortiz

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Maricela Ortiz | ACTUALIZADO 26.01.2015 - 5:42 pm

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“Vosotros también poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; al afecto fraternal, amor.” 2 P. 1:5-7

Virtud: Encierra lo precioso de un ser humano dado por Dios. La virtud es un don de Dios que se adquiere mediante el rendirse a él, mediante la humildad del ser y hacer. La virtud se desarrolla en la medida que somos obedientes y humildes.
   
La virtud es la fuerza, capacidad, poder, energía, vigor y eficacia que pone Dios en nosotros a través del Espíritu Santo. Es esa potestad de obrar con integridad de ánimo y bondad de vida. Es la acción de hacer las cosas con buena disposición. Dios nos docta de virtud intelectual para que obremos en inteligencia y de virtud moral para que hagamos el bien.
   
Mientras esperamos por fe, debe añadirse virtud, por el hecho de que, es Dios por medio de su Espíritu el que va construyendo que Jesucristo sea formado en nosotros. Es en esa espera que se forma nuestro carácter.
   
Conocimiento:
El conocimiento es la habilidad y capacidad de responder o hacer las cosas en el momento indicado. De ahí la importancia de conocer las escrituras y nadar en la palabra de Dios.
   
Cuando tenemos fe, y a esa fe le agregamos virtud que es el saber que es Dios que obra y no nosotros, entonces se añade el conocimiento. Qué significa esto, que ya no son mis razones ni argumentos lo que van hablar por mi boca, sino el conocimiento de la palabra a través de mí.

Dice la palabra en Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”

Conocimiento es sinónimo de ciencia, discernimiento, consciencia, entendimiento e inteligencia. Pero este conocimiento debe estar basado en la palabra que es la guía y el manual de vida de todo creyente. Dios quiere que nos llenemos de su palabra. Para determinar cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas, es necesario que nuestro corazón e intelecto esté lleno de la palabra de nuestro Señor Jesucristo.
   
Dice la palabra en 2 Corintios 10:5 “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo…”
   
El conocimiento de la palabra de Dios es lo que nos transforma y nos forma, cuando ésta se hace rema en nuestras vidas, nos alineamos a los pensamientos del Señor. ¡Wuaooo! Esto es lo que realmente, nos hace libre de la manera vieja de pensar, pues es su palabra la que nos va renovando y haciéndonos parecer a Jesucristo. Por eso Pablo decía “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”.
 
   Cuando nos entramos a profundizar la palabra y a la vez ponerla por obra, yo les aseguro que el hombre viejo tiene que menguar. No basta cantar la famosa canción: “Menguar para que crezcas tú y cada día seré más como tú” No basta cantar hay que accionar, la fe es acción, la fe es movimiento. La fe es acción es revelación. No hay fe sin acción.

Continuará…




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