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Todo nos habla de Dios, su nombre y sus obras son admirables

Mario José Almonte

Mario José Almonte

Mario José Almonte | ACTUALIZADO 30.10.2014 - 7:00 pm

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Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!,  cuando contemplo el cielo obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de  él, el ser humano, para darle poder? (Salmo 8)

Soy un fiel seguidor de los libros, revistas y documentales televisivos que tienen como objetivo principal la narración y la demostración con imágenes de los aportes y creaciones de reyes antiguos, emperadores y diversos gobernantes a nivel mundial de distintas épocas. En su tiempo estas obras y creaciones eran monumentos majestuosos dignos de ser reconocidos como logros hasta ese momento sin comparación, eran su orgullo, su vanidad, su elegancia y su  máxima exposición de esplendor. Muchos de sus diseñadores por su falta de humildad se creyeron muy superiores a los de otros pueblos y naciones. Pero, siempre habrá un pero sobre el cual meditar, se les olvidó a la gran mayoría  las palabras de Dios  en el capítulo 2 del libro del Eclesiastés: Todo es vanidad y correr tras el viento: ¡no se obtiene ningún provecho bajo el sol!.
   
Existe cada día una realidad que nunca va a desaparecer y va a existir hasta la eternidad, y es que  Dios ha dejado las huellas de sus dedos e imaginación  en todo lo creado, por eso  donde quiera que hay un ser humano que sepa reconocer el honor del Señor Altísimo será un pacto de amor y alegría que unirá maravillosamente lo humano y la grandeza divina sin límites ni obstáculos.
   
Cada mañana tenemos el ferviente compromiso de pedirle a Jesús que nos conceda la gracia de reconocer abundantemente lo admirable de nuestro Padre celestial. Y que mejor  manera de iniciar el día elevando la mirada al cielo azul pidiendo y diciéndole al Señor como el salmista: Aquí estoy, Señor,  para hacer tu voluntad, así mantendremos la obediencia y fidelidad a sus mandamientos sin tregua, ni descanso.         Y sin dejar que pasen muchas horas del día que hermosamente se nos regala  apreciando la esencia del aire que  milagrosamente respiramos debemos  hacer una parada voluntaria en el quehacer diario para diseñar un listado que pueda contener la mayor cantidad de obras divinas a valorar.
   
Y podría preguntarte a titulo de reflexión antes de iniciar la lista, ¿Cuándo fue la última vez que viste y pasaste un buen tiempo con un niño recién nacido?, en su rostro y sonrisa Dios nos habla suavemente. ¿Qué tiempo hace que no te levantas a las 5:45 de la madrugada para esperar el amanecer?, En los rayos de sol que besan tu alrededor e iluminan todo ahí está también la voz del Creador.  En cada flor que se convierte en un jugoso fruto, en cada enfermo que se levanta y se cura, en cada arroyo de agua cristalina que recorre nuestras montañas, en cada gota de lluvia que cae y todo arco iris que la adorna, en cada molécula de sangre que entra y sale de nuestro corazón, en el vuelo libre de una ave multicolor,  en cada misionero que entrega su vida por el evangelio y en todo aquello bueno que llega exactamente cuando tiene que llegar está la firma de las obras admirables de Yahvé. 

                                                                                


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