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La responsabilidad en una sociedad indiferente

Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara | ACTUALIZADO 11.09.2019 - 7:53 pm

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Son muchos los casos que se escuchan en nuestra sociedad de personas irresponsables. Individuos que son incapaces de cumplir con sus deberes y funciones. Esta es la razón que al no tener criterios ni principios morales, les da lo mismo ser responsables como no serlo. Como son seres humanos que no tienen una personalidad definida ni tampoco han aprendido ser fieles a la palabra dada, caminan por la vida sin rumbo, viviendo de la superficialidad y del día a día, sin analizar nada.   
   
En la actualidad, los periódicos, los medios de comunicación y las redes sociales se hacen eco de las consecuencias dejadas cuando el valor de la responsabilidad no se asume con madurez, sino como una simple actitud opcional que se puede prescindir de ella sin ningún problema. Por eso es frecuente ver obras del Estado inconclusas, promesas no cumplidas, casos de justicia sin resolver, lavados de activos, una policía aliada a la corrupción, líderes políticos vendidos por dinero, entre otros casos que ponen de manifiesto lo que vive en estos momentos históricos nuestro país cuando las personas no agregan a su vida la responsabilidad como un bien humano y saludable.
   
A simple vista parece que ser responsable es perder tiempo, un gasto de energía innecesario ante un mundo que ha colocado como prioridad la diversión, el chantaje, y el hecho mismo de vivir sin dirección. Es como si la responsabilidad fuera algo imposible de cumplir, una meta difícil de alcanzar. Y debido a que la catalogan de dicha manera, la sociedad misma crea un pesimismo tal sobre ella, que para mantener una imagen positiva se suele brindar una apariencia bien fabricada para vender que todavía existe la responsabilidad tanto a nivel individual como colectivo, cuando en el fondo se sabe que lentamente se va perdiendo.
   
Sin embargo, en una nación donde la responsabilidad sea desfasada, abandonada y echada al olvido, es una sociedad que va rumbo al fracaso, próxima al caos. Porque sus habitantes no trabajan en conjunto, no cuentan con un proyecto concreto como ciudadanos, y dado esto, se convertirán en seres egoístas e individualistas, que aunque residan en un mismo territorio, no les importará la situación de los demás, sino únicamente su propio bien.
   
Pero hay que ser realista y consciente, pese a que muchos vivan ignorando los valores y las virtudes que adornan al ser humano, la responsabilidad no es un lujo, un objeto ni muchos menos una pieza caduca perteneciente al pasado. Todo lo contrario, la responsabilidad es la que construye sociedades, forja la personalidad de cada persona, es el reflejo de una madurez en las instituciones, fundaciones, y en la misma persona. Por consiguiente, mientras más responsables somos, más elevada será nuestra educación. Lo que significa entonces que la responsabilidad es fundamental para garantizar la democracia, para hacer cumplir los derechos y deberes de las personas, y sobre todo, para un signo visible de que seguimos siendo personas de esperanza y abierto siempre a un porvenir mejor.



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