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¿Por qué septiembre se dedica a la Santa Biblia?

Hna. Verónica De Sousa

Hna. Verónica De Sousa

Hna. Verónica De Sousa | ACTUALIZADO 09.09.2019 - 7:29 pm

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La Iglesia católica celebra en septiembre el “mes de la Palabra” o “mes de la Biblia”. Sin embargo, también las iglesias protestantes y la ortodoxa lo hacen. En otras palabras, el “mes de la Biblia” es compartido por todas las denominaciones cristianas, aunque con motivaciones diversas y de acuerdo a su historia y tradición.
   
Es bueno que esto nos aúne y nos convoque. Después de todo, la Biblia, para todas las denominaciones cristianas, contiene la Revelación y es, como todo libro sagrado, la fuente del conocimiento y el compromiso de vida en lo referente a la fe.
   
Los cristianos católicos celebramos el mes recordando a san Jerónimo, cuyo día celebramos el 30 de septiembre. Jerónimo nació en Dalmacia, cerca del año 340 y murió en Belén el 30 de septiembre de 420.        

Dedicó toda su vida al estudio y traducción de la Biblia, desde sus idiomas originales –hebreo y griego– a la lengua más extendida de su tiempo, el latín, para que muchas personas pudieran conocerla y, a través de ellas, encontrarse con Jesucristo.                

San Jerónimo estaba tan convencido de la importancia de esto, que llegó a afirmar que desconocer las escrituras es desconocer al mismo Jesucristo. La traducción que hizo este hombre de Dios se conoce como “Vulgata” (de vulgata editio, "edición para el pueblo"), y ayudó a la popularización de la palabra de Dios. La traducción al latín de la Biblia hecha por San Jerónimo ha sido, hasta la promulgación de la Neovulgata en 1979, el texto bíblico oficial de la Iglesia católica romana.
  
Por su parte, la Iglesia ortodoxa enfatiza el idioma original del Nuevo Testamento: el griego. Esto es particularmente significativo, puesto que el griego es el idioma oficial de estas comunidades cristianas. Las Iglesias evangélicas recuerdan el 26 de septiembre de 1569, cuando fue publicada la primera traducción de los textos bíblicos a la lengua española, de Casiodoro de Reina, conocida como la “Biblia del Oso”, pues en su portada estaba representado dicho animal. El dato curioso con respecto a ello es que casi nadie recuerda que esta Biblia, pese a ser fruto del trabajo de un protestante, contenía todos los textos propios de la Biblia Vulgata latina de San Jerónimo, es decir, el texto católico oficial.
   
Con frecuencia, hablamos de la Biblia como un libro. En realidad, es una compilación de textos. En un principio eran documentos separados, redactados primero en hebreo, arameo y griego durante un dilatado periodo de tiempo y después reunidos para formar el Tanaj. Esta es la Biblia de los judíos, lo que los cristianos llamamos “Antiguo Testamento”. Luego de Jesús, con las primeras comunidades cristianas surgieron los escritos de Pablo y sus discípulos, otros escritos cristianos –la mayoría en forma de cartas– y los evangelios, escritos en griego. Así surgió el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman la Biblia cristiana.
   
Así, si sumamos, nos damos cuenta de que se trata de escritos antiquísimos. Hablemos de un rango de, al menos, 1000 años. Pero eso es mucho tiempo para resumir en estas pocas líneas. Así que se los prometo para la próxima entrega. Pero no deseo culminar sin hacerme eco de las palabras de San Jerónimo: acérquese a la Palabra, como persona de fe, pues desconocerlas es desconocer a Jesucristo. Y con eso pierde el sentido y la alegría de su vida. Solo a través del conocimiento, que es relación, llegamos al amor.



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