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Entre Hostos y la guerra Restauradora

Luciano Filpo

Luciano Filpo

Luciano Filpo | ACTUALIZADO 15.08.2019 - 6:07 pm

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El 11 de agosto de 1903, fallece en Santo Domingo, el ciudadano de América, Eugenio María de Hostos. Como político era independentista, antillanista y con una visión amplia de la emancipación latinoamericana y caribeña. Como el libertador Simón Bolívar, partidario de integrar las naciones y formar la gran patria, que una y fortalezca los sentimientos emancipadores ante las pretensiones de Europa o Estados Unidos. Filósofo positivista, promotor de la ideología del progreso y el cambio. Educador y forjador de una cosmovisión educativa fundada en el laicismo y el cuestionamiento del clericalismo en la escuela, la cual se manifestaba en su época, a través de la vigencia de la escolástica medieval, metódica que había sido superada en el viejo continente, pero que agonizaba en las viejas colonias españolas.

Como pedagogo, desarrolló toda una teoría de la educación, donde establecía la función cardinal de generar conciencia razón cambio y progreso. La educación era una herramienta para alcanzar progreso conciencia y cambio. Hostos definió la Guerra de la Restauración como la verdadera independencia del pueblo dominicano; la misma trasciende las fronteras de Cuba y Puerto Rico, con los gritos de Lares y Yara. Se sostiene que la visión del antillanismo en el Caribe surge Santo Domingo, en el marco de la gesta patriótica de 1863-65. Pensadores como Hostos, Betances, Luperón, Martí entienden que el Caribe sólo sobrevive libre de injerencias y se une si se entiende, si asume un proyecto anticolonial en común.

Así como Domingo Faustino Sarmiento establece en Facundo, que Latinoamérica está en la encrucijada de Educación o barbarie, Hostos asume la consigna de "civilización o muerte" es decir la educación sería una catapulta para salir del atraso, el primitivismo y el marasmo social.  La guerra restauradora fue una contienda según Juan Bosch: social, popular, anticolonial, anti anexionista y de liberación nacional. Aglutina a todos los sectores de la vida nacional. Para el maestro boricua y ciudadano de América es la verdadera independencia, se integran todos los grupos sociales, se produce la ruptura con el colonialismo español.

Pero este fue un proceso inconcluso, confuso y anomico. No obstante su carácter nacionalista y anticolonial, al poco tiempo retorna Buenaventura Báez al poder, anexionista, corrupto, represivo, patrimonialista y clientelista. Con esta epopeya libertaria se aniquila la retrógrada y decadente clase hatera, pero los escasos niveles de desarrollo de lo que pudo ser una burguesía nacional así como el mismo progreso de la estructura productiva, colocan la sociedad en una coyuntura ambivalente, arrítmica con ciclos indefinidos, donde no se podría observar con claridad los momentos históricos que establece Fernand Braudel, de las estructuras, coyunturas y ciclos de corta y larga duración.

El pueblo dominicano asumió la Restauración como su independencia, pero después de ésta epopeya, se afianza el caciquismo o fenómeno local donde pequeños tiranuelos imponen su voluntad armada en cada comarca, la visión patrimonialista del Estado encuentra su génesis, es decir, los actores políticos empiezan a afianzar la visión relativa a la propiedad del Estado por parte de quienes gobiernan. Se olvida la vieja idea del bien común, de ejercer la política para servir como decía el Patricio Juan Pablo Duarte en su proyecto de constitución.

La República Dominicana ha vivido un peregrinar patriótico, se cae y se levanta, verdugos anexionistas como Santana o Báez frente nacionalistas consumados como Sánchez, Duarte, Mella o Luperón. Así también discurre la vida de Hostos en ese continúo peregrinar por el Caribe y toda América, la cual se describe en su autobiografía "El peregrinar de Bayoan".

La República Dominicana transita una coyuntura dónde debe abocarse a la superación de la anomia social y a la desinstitucionalización. La restauración moral de la sociedad dominicana requiere detener la corrupción, impunidad, clientelismo y patrimonialismo rampante. También de forma imperiosa se requiere un desmonte de estas instituciones viciadas, creadas para construir un blindaje judicial, para aquellos que desfalcan la nación. No se puede hablar de democracia donde existe el crimen sin castigo, el robo sin sanción, donde se propicia la quiebra de instituciones públicas para pillarlas, la dominicana es una sociedad disfuncional, la policía extorsiona a los ciudadanos, se colocan drogas y multas a personas sin contravenciones.

Se ha instaurado la visión patrimonial de llegar al Estado para usufructuarlo sin rendir una función ni cuenta. Restaurar la República implica democratizar la sociedad, propiciar la distribución de unos servicios públicos eficientes y accesibles, donde todos puedan llegar. Quienes administran lo público nunca asisten a esos servicios, ellos son de primera mientras que el pueblo es de tercera. Dentro de la restauración moral de la sociedad dominicana se debe propiciar una horizontalización de la estructura social, que no haya gente de primera, segunda o tercera sino ciudadanos con los mismos derechos y deberes.

La constitución habla de  un Estado democrático de derecho y de derechos fundamentales no de clasificación de la población por su arraigo y abolengo, pero eso es lo que se observa en la realidad, un régimen de justicia pútrido donde sólo se condena a los de abajo. En la nueva sociedad la educación, salud, agua potable, electricidad y conectividad deben ser garantías de una sociedad que trata con justicia y equidad a sus ciudadanos. El bestiario político dominicano, parafraseando a Julio Cortazar, debe ser domesticado y sometido al redil de las reglas del derecho y de los preceptos constitucionales, una sociedad organizada no funciona propiciando el capricho y los objetivos particulares de individuos o grupos de poder.  

El autor es Dr. en Educación.



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