23 Agosto 2019 1:40 AM

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Vacilación en el uso de la lengua no sexista

Domingo Caba Ramos

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Domingo Caba Ramos | ACTUALIZADO 18.07.2019 - 6:17 pm

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«…la alusión explícita a ambos sexos no es necesaria, ni se puede justificar con argumentos lingüísticos. Se explica, acaso, desde la perspectiva de la corrección política, pero no de la corrección en el uso de la lengua… La utilización del masculino para designar a todos los individuos de la especie, solo busca eficiencia, y no tiene intención discriminatoria de la mujer. No implica, en lo absoluto una ‘ocultación de la mujer a través del lenguaje’ »
(Orlando Alba)


La lengua española, según el criterio feminista, es machista, sexista, discriminatoria y, por ser así, androcéntrica, porque a la vez que destaca el protagonismo masculino, infravalora, “invisibiliza”, excluye y oculta la presencia de la mujer.  Porque a través de ella (la lengua) se incurre en sexismo lingüístico, toda vez que los hablantes utilizan expresiones que resultan discriminatorias por razones de sexo. De esa manera, al decir de las líderes feministas, se ha institucionalizado una forma de hablar y escribir que muy lejos de representar a las mujeres, las excluye del discurso y oculta sus aportaciones.
   
Consideran que se establece una relación de subordinación de la mujer al hombre o de lo femenino a lo masculino cuando este se emplea para referirse a los dos sexos ( masculino genérico ) Es lo que sucede en frases del tipo :  « El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados» Ciertamente  este enunciado, y en virtud del carácter no marcado del masculino, incluye  también a las maestras jubiladas; pero las aguerridas representantes del ala ortodoxa y radical del movimiento feminista posiblemente ripostarán alegando que no, que en él solo se alude a los maestros, no a las maestras. Y que por usos de esa naturaleza es que el masculino genérico le imprime al idioma español su sello de sexista y machista.
   
Se trata, el anterior, de un planteamiento de cuyo contenido disentimos por considerarlo clasista e ideológico y carente por completo de fundamentación lingüística. Tampoco compartimos los diferentes postulados que sustentan el antisexismo o la campaña en pos del uso de una lengua española sexualmente igualitaria.
   
Para extinguir el valor genérico del masculino  y liberar la lengua española   de los usos sexistas o estereotipos discriminatorios que le atribuye el feminismo, este movimiento propone, entre otras recomendaciones, el uso de dobletes que se refieran a uno y otro sexo. Así, en lugar de « El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados», habría que escribir de las siguientes maneras:

1.    « El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados  y a las maestras  jubiladas»
2.    « El Estado dominicano presta poca atención a los y las maestros y maestras jubilados y jubiladas»

¿Por qué razón?

Sencillamente porque si se dobla el género de los sustantivos núcleos de la frase, de igual manera deberá procederse con los artículos que a ellos se anteponen y con los adjetivos que los acompañan para calificar, limitar o precisar sus significados. Significa esto que si en lo que se ha denominado “lengua sexista” se dice, por ejemplo:

1.    «Esos ciudadanos dominicanos…»
2.    « En el campamento había unos niños muy disciplinados…»

En “legua no sexista” o con perspectiva de género, además de escribir:

1.    «Esos y esas ciudadanos y ciudadanas dominicanos…»
2.    « En el campamento había unos y unas niños y niñas muy disciplinados…»

Para complacer a las persistentes defensoras del antisexismo lingüístico, utilizar una frase despojada de todo ropaje machista o en arar de construir un discurso más completo o acabado, lo aceptable hubiera sido expresar:

1.    «Esos y esas ciudadanos y ciudadanas dominicanos y dominicanas…»
2.    « En el campamento había unos y unas niños y niñas muy disciplinados y disciplinadas…»
   
¿A qué conduce esa forma de hablar? ¿Cuáles son los resultados lingüísticos derivados de esa doble mención genérica?
   
Aludir a los dos sexos (todos y todas; bienvenidos y bienvenidas; ciudadanos y ciudadanas…) para sacar a la mujer de la supuesta “marginación discursiva”, constituye para la Real Academia Española (RAE) una “innecesaria costumbre” provocadora de “engorrosas” y, afirmo yo, tormentosas repeticiones que, indiscutiblemente, le restan fluidez y belleza a la expresión lingüística.  Una práctica que conduce al uso de una construcción sintáctica pesada, monótona, oscura, farragosa, artificial y poco comunicativa.
   
Pero no solo eso. El uso de la doble expresión genérica conduce a la violación de las reglas del idioma, especialmente de la concordancia, así como del principio fundamental de la lengua: el Principio de Economía Lingüística. Nótese, a propósito de esto último, lo antieconómica, cursi, ridícula y aburrida que resultaría cualquier construcción discursiva del tipo:
    
« Los banilejos y las banilejas son ciudadanos y ciudadanas emprendedores y emprendedoras»
    
Quizás por esta razón, es discurso antisexista, como intentaremos demostrar más adelante, no se mantiene, se vacila en su empleo. Esa inconsistencia origina que en ocasiones se doblen los géneros solo en el sustantivo; pero no en el adjetivo que lo califica (“Compañeros y compañeras combativos”) o que el hablante utilice la misma palabra con distinción de género en un contexto, mientras que en otro solo emplea la forma masculina.


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