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Brindar por los colores de la vida

Pascual Ramos

Pascual Ramos

Pascual Ramos | ACTUALIZADO 10.07.2019 - 5:52 pm

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Sus ojos se maravillan y brillan como nunca antes, mirando el derroche de belleza natural, que exhibe el arcoíris resultante de la lluvia primaveral. Es el tiempo donde los pétalos de las flores se abren a la vida, ofreciendo a las abejas, el polen que luego transforman en la dulce mil; medicina e inigualable alimento natural.  
    
El impactante acontecimiento, provoca la memorización de una fotografía neuronal, dándole exclusiva receptividad, en los recuerdos más agradables de su convivir individual y colectivo, impregnando estética literaria, a la producción poética, que se habrá de recitar, como panegírico lapidario, en busca de inmortalidad.
     
Los colores de lo indicado enseñan, el mágico accionar de un pincel, que desde su invisible lugar, transforma un entorno geográfico, creando belleza objetiva y subjetiva, para que la imaginación del poeta se deleite, produciendo versos para la historia de la humanidad, acción que notifica para toda una vida, el fenómeno fugaz.
      
Al observar la inigualable grandeza natural de un arcoíris, los sentidos de la persona son testigo del más espectacular derrocho de pasión, en donde la estética y belleza, galantean en común cofradía, gustando y disfrutando del color de la felicidad de estar con vida, dando razón ser a la existencia de la afirmación: “Nacer, crecer y multiplicarse”, en el único planeta con características que hacen posible lo precisado, siendo protagonista del rodaje audiovisual, en la faena laboral del día a día; en donde se puede establecer la diferencia, entre el bien y el mal.
    
Se siente la brisa fresca de la suave llovizna, resultante de los colores de la vida, en un manifiesto de esperanza, de que sí es posible la práctica de la solidaridad fraterna y que son más los que quieren vivir en paz; haciendo realidad la armonía entre el ser humano y la naturaleza, para que triunfe la idea desde donde se pueda producir el tema, de cuidar y proteger, la biodiversidad.
     
Es motivo de invitar a brindar, vertiendo en la copa de la felicidad, el vino de la abundante cosecha del viñedo de la tierra fértil de la vida, en donde se da credibilidad, a la afirmación de que: “Dios da el ciento por uno”; lo que debe motivar cuidar y proteger todo lo creado, procurando que el presente, asegure un futuro de progreso y prosperidad para la humanidad, en esta llamada sociedad moderna, postmoderna, cibernética, inteligente o de la información global.   
    
Los Colores de la vida, observado en la puesta del fenómeno natural conocido con el nombre de arcoíris,  se muestran,  de acuerdo a lo precisado por el científico Isaac  Newton en 1704, de la siguiente manera: “Rojo-naranja-amarillo-verde-azul-añil-violeta, respectivamente”; por lo que se recomienda reflexionar referente a la maravilla descrita, en el entendido de que es la mejor manera de saber valorar todo cuanto existe en la tierra, justificando el por qué hay que proteger y cuidar, el único planeta donde ocurren acontecimientos espectaculares, como el argumentado.
   





 


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