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Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón | ACTUALIZADO 16.05.2019 - 7:33 pm

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El Plan de Pastoral, nos invita este mes de mayo, a reflexionar sobre un valor impostergable: Vida. A este valor se le opone, la muerte.
   
Vida, es un concepto que alude a la existencia. Su capacidad de nacer, desarrollarse, reproducirse y fallecer. El ser humano piensa y analiza, el animal actúa no tiene esa capacidad de pensar, actúa por instinto, por asociación de hecho encadenados.                    
Desde la fe cristina, vida tiene el que oye la palabra de Dios y la pone en práctica; no la deja el bolsillo de la chaqueta, sino que la testimonia con alegría (Cf Jn 5,24). Tal y como reza el Lema del Año  2019: “Dichosos lo que escuchan la palabra de Dios y la cumplen (Lc 11,28).
   
Algunos no se convencen de que solo Dios da verdadero sentido, sabor exquisito, y alegría desbordante a nuestras vidas. El peligro siempre acecha, de ahí que hemos de estar con los ojos abiertos ante  a los signos de muerte que permean las esquinas de la sociedad.
   
La muerte es una serpiente venenosa, que cuando muerde, hace que pasemos de la vida a la muerte. Nos urge sacar el veneno que asedia a la comunidad política.
   
El pueblo elige, a través del voto, a servidores públicos para gobernar y legislar, no es para enriquecerse del erario público. A pesar de haber pasado por centros de formación,  como la escuela, la iglesia, siendo la familia,  la primera escuela de formación, el veneno de la corrupción ha invadido su mente y su corazón. La corrupción e impunidad  es muerte, la honradez es vida.
   
La familia, hoy más que nunca esta amenazada. La perseverancia conyugal, es un signo de algo vivo, que el amor no ha muerto, que tomado de las manos, la pareja, ha vencido obstáculos, que no se han dejado enredar por la serpiente venenosa.
   
Que pena, que haya habido parejas, no pocas,  que no cantaron victoria, sino que olieron el polvo de la derrota amarga, y con ello, sus hijos, que han sufrido la triste y dolorosa separación de sus padres.
   
La cincuentena pascual, que vive la iglesia es un continuo caminar hacia Emaús, somos peregrinos, estamos siempre de paso por esta vida terrenal, hasta el paso final, que llegará cuando entremos a las bodas eternas. Entonces, porqué aferrarse a esta vida, porqué el afán de lucrarse egoístamente, sin pensar a los más necesitados.
   
La inmadurez social, nos refleja, que el cuerpo social de la República Dominicana no ha madurado. Hemos tenido personajes que en vez de contribuir a la sociedad, le han golpeado con la corrupción, que roba la esperanza, y se golpea severamente, cuando al individuo se le niega el derecho a la salud, a la educación, al desarrollo integral de sus actitudes para el arte y el deporte.
   
Les invito, para que desde la fe, enarbolemos la bandera de la vida, derrotemos con el auxilio de Dios los signos de muerte que laceran la carne de cada hombre, de cada mujer, y de cada familia.

El autor es, Juez del Tribunal Eclesiástico.


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