19 Junio 2019 5:29 PM

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La agonía de la clase media

Luciano Filpo

Luciano Filpo

Luciano Filpo | ACTUALIZADO 16.05.2019 - 7:32 pm

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Hace dos semanas, en un acto de demagogia y cinismo, el señor presidente de la República expresó el milagro alcanzado por sus políticas económicas: "Aquí se había acabado con la pobreza todos eran clase media". Fue un acto de desparpajo, sin sonrojo, alteración del gesto, una vulgar falacia argumentativa, pero cascareada por 3000 periodistas y reproducida por los diferentes diarios del país. La economía dominicana ha crecido en las últimas décadas, pero el ingreso medio de la población no expresa este bienestar. El banco Central y su director han creado otra metodología para confundir a los organismos internacionales respecto a la forma de establecer la pobreza y sus indicadores.        

Los gobiernos del partido oficial han construido una bola de nieve desde la cual se procura hacer creer que una persona que padece como súbdito, que se prosterna a los pies de una falsa aristocracia que desangra al país y pulveriza sus instituciones. La casta gobernante ha ejercido el poder de manera omnímoda, reproduce sus privilegios en sus hijos, esto les permite creer que todo el país está a la altura de sus fueros y privilegios. lo cierto es que en República Dominicana hay un ejército de trabajadores informales que vive del día a día, que debe enfrentar las vicisitudes de la carencia de la educación, la salud, el agua potable, la alimentación, acceso a la tecnología; la casta gobernante ha edificado un paraíso, un edén, pero no para los parias dominicanos. Ellos tienen seguros internacionales, estudian en el exterior becados y como agregados consulares cobrando en dólares. Se está ante una economía cuyo endeudamiento ha superado el PIB en un 51%, no se exporta a nivel de los países de la región, pero se importa hasta agua. El aparato productivo se ha ido a pique, las remesas representan el principal ingreso; el turismo y las zonas francas exportan sus ganancias a paraísos fiscales y otras economías, dejando esta sociedad lánguida e enjuta y taimada.

En toda sociedad, una clase media es un amortiguador, el soporte, el referente democrático el consolidado de la democracia. Un país donde su clase media ha sido estrangulada, tambalean sus instituciones, se reduce la cantidad de vida, la capacidad de movilidad social se estanca es casi nula. El desmadre institucional que vive la sociedad dominicana es el producto del aniquilamiento de la clase media, del agobio que padece, del arrinconamiento a que ha sido sometido.

Las estadísticas del gobierno y sus agencias dicen que la carga impositiva es baja, pero aquí hay doble tributación por qué los servicios públicos son muy precarios y hay que crear alternativas individuales para el agua, luz, transporte. El fondo de las naciones unidas para la agricultura y la alimentación (FAO) en un reciente estudio acaba de establecer que en el caribe y América Central hay varios países donde su población pasa hambre.        

El país de clase media está entre los que menciona el organismo internacional. Con los niveles de ingreso del país, el desempleo reinante y la quiebra del aparato productivo estos factores coadyuvan en los niveles de pobreza y desigualdad. El organismo internacional evidencia las calamidades que padece la población y de la que está eximida la aristocracia oficial y partidaria. Estos seres ungidos están exentos de los magros ingresos, de las limitaciones, de las precariedades, tienen patente de corso para dilapidar y malgastar los bienes públicos. Quienes pasan hambre de forma literal se observan famélicos, magros, enjutos, aquí mucha gente se tuberculiza por el hambre cotidiana, factor que puede ser superado si se ASUME el principio planteado por la FAO de que cada país debe gestionar su soberanía alimentaria, es decir, producir sus propios alimentos.      La clase media dominicana ha sido esquilmada, estrangulada, saqueada y cohibida de algunos placeres, inhibidos de las políticas públicas. La clase media dominicana se ha caracterizado por la parejería, la ostentación y el consumo.        

Se encuentra acorralada, viviendo del día a día recurriendo al pluriempleo, a las tarjetas o a tomar un préstamo para borrar otro, al enganche y desenganche, al endeudamiento galopante a la asfixia del supermercado y la matricula colegial. La clase media no tiene alternativa, si tiene alguna posibilidad de compra a través de las redes hasta eso se grava. El modelo económico de República Dominicana saquea los magros ingresos de los grupos profesionales, los cuales recurren a actos de taumaturgia para sobrellevar el día.        
La delincuencia está organizada desde el Estado, aparecen multas fantasmas para los ciudadanos, cada semana la población es atracada con los precios de los combustibles el costo de la energía eléctrica se mantiene en las nubes. Intentar mantener el rol de persona de clase media es un acto de valentía, nos han dado tantos golpes que ya han anestesiado a la población, todo para mantener los privilegios y canonjías del grupo gobernante. En toda sociedad democrática se consolida y desarrolla la clase media, la que procura el desarrollo institucional, la consolidación de los derechos, pero sobre todo el bienestar de la población.        

El país de clase media señalado por el presidente es una burda mentira, una demagogia, un sofisma... ese país de clase media se debate entre la inseguridad, el desempleo, las carencias. Ese país se merece un despertar de los grupos anestesiados y anonadados por la parafernalia oficial. La marcha verde puso en evidencia la capacidad expresiva de la verdadera clase media no de la miseria y la dádiva que externa el grupo oficial. Es hora de romper la comodidad del lecho, el aislamiento individualista, a los problemas colectivos no se pueden buscar alternativas individuales. Hay que democratizar el país así como la movilidad social.

El autor es Dr. en Educación.



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