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María también fue madre

Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara | ACTUALIZADO 15.05.2019 - 6:38 pm

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Una mujer dijo que sí y cambió la historia. Tuvo y sintió miedo como todo ser humano al momento de tomar cualquier decisión importante en su vida. No obstante, fue capaz de ofrecer una respuesta sincera y plena al ángel Gabriel cuando le comunicó que iba a ser la Madre de Dios. La noticia fue tan grande, que no miró atrás, expresó un sí rotundo y definitivo. Se decidió a amar con el alma, con su corazón y con todo su ser. Y a pesar de ser un sacrificio enorme, confió infinitamente en la voluntad divina.

Ser responsable y asumir los compromisos que presenta la misma vida, siempre será un reto, un obstáculo, una cima por escalar, un puente por cruzar. Pero muchos saben, que solo aquellos que se  lanzan a la aventura de morir por sus ideales, pueden encontrar la felicidad verdadera, sentirse plenamente realizados. Y esto se cumplió en la Madre de Dios. Pues, ella, siendo una humilde jovencita de Nazaret, asumió el acontecimiento más grande de la historia: recibir en su vientre al Hijo de Dios; a Jesús, al Maestro y guía de todos los cristianos.  
   
Ser madre, para María, de seguro que no fue nada fácil. Tuvo que enfrentarse a muchas situaciones y realidades difíciles para la época.     
   
El mismo hecho de acoger al Hijo de Dios estando comprometida con José, ya significaba un gran desafío; porque la ley judía mandaba a matar a pedradas a toda mujer que cometiera el acto de infidelidad. Pero gracias a la intervención celestial, José entendió, que el hijo de María,  era una creatura divina, y la acogió en su casa, ofreciéndole su apoyo incondicional.
   
La mujer tiene el don de concebir, de acoger la vida en su ser y extenderla de generación en generación. Es decir, la mujer está llamada a convertirse en madre, está retada a asumir la gran tarea de aceptar la maternidad como regalo de Dios, de elegir siempre la vida, nunca la muerte. A no poner como excusa para no engendrar, que no se encuentra preparada, que el factor económico, el prestigio social, y sobre todo, que si decide ser madre, no logrará muchos de sus planes personales ni mucho menos será feliz, porque la criatura formada en su vientre le impedirá realizar muchos de sus sueños aún no alcanzados.  
  
 En muchas ocasiones, han pintado a María como una mujer imaginaria. En el misterio de la encarnación, es dibuja su historia, como una pura fantasía, cuentos de hadas o simplemente una utopía más. Sin embargo, fue una mujer real, tenía carne y hueso, como todas las mujeres del mundo. Ofreció su voluntad humana por la salvación del mundo. Estuvo abierta a los proyectos de Dios, y sin miedo al qué dirán se convirtió en madre. Por eso, hoy es un ejemplo, un testimonio vivo para todas aquellas mujeres que dijeron que sí a la gran vocación de la vida, y decidieron convertirse también en Madre.
 
 


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