19 Agosto 2019 8:40 PM

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La temporalidad política

Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel | ACTUALIZADO 14.05.2019 - 8:19 pm

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Hay en este ambiente político enrarecido por los incidentes legales una atmósfera de incertidumbre, a la que tampoco escapan los riesgos a los fracasos de muchas de las responsabilidades inmediatas, consideradas como cruciales para permitir un evento electoral a la altura del Siglo XXI y la madurez de la democracia dominicana.
   
Luego del tortuoso camino recorrido por la Ley de 33-88, sobre Partidos Agrupaciones y Movimientos Políticos para ser aprobada por la clase política se cae en cuenta de cómo algunos de sus artículos riñen con la Constitución, obligando al Tribunal Constitucional a pronunciarse a través de sentencia para producir los acotejos de rigor.
  
 Los principales partidos políticos atraviesan en su interior por fuerte sacudimientos entre sus corrientes y tendencias, empujando en ocasiones a estos grupos en pugnas a recurrir a también a estas instancias legales para poder dirimir sus desacuerdos.
  
 De todos los temas el de la Modificación Constitucional para permitir la habilitación al Presidente Medina sigue dominando el escenario político, a tal punto que todos los fines de semanas entre 5 y 7 concentraciones se realizan en diferentes provincias, donde sus adeptos valoran su obra de gobierno y explican la necesidad de posibilitarle cuatro años más.
  
 La brumosa realidad política podría quedar despejada en la presente semana dado que los plazos establecidos por la propia Ley 33-88 obliga a las organizaciones a presentar una solución a cada punto del calendario electoral: Reservas, alianzas, presentación de candidatos y por supuestos, definición de una clara agenda respeto a decisiones relacionadas con su participación  en cada demarcación geográfica.
   
Los estatutos como fundamentos de las organizaciones –véase sentencia del tribunal electoral- deberán ser adecuados a estos nuevos escenarios y culminan siendo la base de todas las decisiones y no las pautadas, como se creía por los organismos superiores.
   
Nadie se ausenta del debate que libran todas estas organizaciones ajustando lo que se suponía era un hecho por aquello de que la discusión de esa legislación fue larga en el tiempo como larga también su aprobación. Los estatus se convierten en lo adelante en la piedra angular de las organizaciones de si emana su accionar político, estudiarlo y readecuarlo conociendo la capacidad de manipulación del pasado de las organizaciones políticas, en temas cruciales, con un TC a la espera de quienes recurren a él  por cualquier cosa, obliga a repensar bien lo que finalmente se consigne en cada articulado.
   
Si el objetivo y espíritu de esa Ley era institucionalizar a los partidos no puede ignorarse ahora tal pretensión y más con un proceso electoral al doblar de la esquina exigiendo al pie de la letra su aplicación y cumplimiento.
   
Hay quienes admiten la existencia de una discusión soterrada por lograr el predominio de la mayoría en las diferentes instancias decisorias de las organizaciones, como mecanismos de dominación y así lograr finalmente la posesión única debido al manejo de los grandes  intereses en lo que ha devenido la actividad político y en detrimento de la esencia de quienes mayoritariamente conforman el colectivo.
   
La crisis ideológica; el desarrollo tecnológico; las competencias internas; la preeminencia de los recursos económicos; y las nuevas técnicas electorales asumidas como herramienta para competir son algunas de las realidades mediantes las cuales se sustenta este predominio en cada una de las organizaciones.
   
Si se mira al interior y lo que acontece se concluye en que resulta cada vez más costosa la actividad política;  lograr incorporar nuevos proyectos para la renovación, también resulta muy cuesta arriba; en fin, las facilidades orgánicas acaban favoreciendo a quienes controlan los estamentos de dirección cerrando el paso a nuevas ideas, lo cual explica el surgimiento de algunos movimientos, al margen de las fuerzas tradicionales dando cabida a quienes posiblemente represente las ideas del futuro.
   
La aceptación de la regla de juego por parte de los conglomerados en pugnas y las juiciosas sentencias del TC viene a airear un poco este ambiente enrarecido y de alguna manera empieza a surgir ese orden institucional determinado por la institucionalidad. Cada sentencia emitidas por las altas cortes vienen a abrir un abanico de posibilidades para llenar los vacíos evidenciados por las organizaciones. Fue el caso del PRD y su asamblea; sucedió algo parecido con la última sentencia sobre los estatutos y las primarias y, de igual manera sucederá con el voto de arrastre en el caso de los senadores y los diputados.  
  
Esta fase de acomodamiento a las normas empieza a empujar a las cúpulas a actuar dentro de marco de legalidad; ahora se enfocan en mirar los prerrequisitos de los procesos; pero también, son cuidadoso a la hora de ignorar a las minorías a lo interno, las cuales han demostrados sagacidad recurriendo a impugnar las actividades en las cuales se desconocieron las normas establecidas.
  
En lo inmediato, hay en consecuencia un ambiente limitado por el tiempo pero regido por una ley cuyas pautas parecen ir imponiéndose, lo cual a la larga va garantizar el desarrollo institucional, dejando atrás este brumoso escenario donde la incertidumbre se anida temporalmente sembrando el temor de no contar con un proceso electoral a la altura de la democracia y su desarrollo.
   
Y la muy esperada reunión del Comité Político (CP) deja sobre la mesa nueva vez el tema de la Reelección; el encuentro culminó evadiéndolo y dejando al tiempo una posible salida pero a su vez, sigue la tensión interna entre todas las fuerzas, las cuales semanas tras semanas conducen a la organización morada por caminos inciertos sobre quién será finalmente su candidato a la Presidencia de la República. Al dar de lado a esta situación no se sabrá si realmente dispondrán de suficiente espacio en la agenda electoral para dar legitimidad a esta decisión, la cual parece estancada en el tiempo, colocando a los electores y la sociedad en un marco de ansiedad e incertidumbre. Acaso ¿Serán cosas de la temporalidad política?  



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