20 Agosto 2019 7:52 AM

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Alboroto en el Pulpito Católico

Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel | ACTUALIZADO 23.04.2019 - 7:08 pm

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En una irrupción inesperada la Iglesia Católica en su voz más alta “entró de lleno” en el debate sobre la reelección, tema que desde hace meses envuelve a la sociedad dominicana, sin excepción alguna, a todos los sectores: Iglesia, universidades, profesionales de todas las ramas, Colegio de Ingenieros y Arquitectos, las embajadas, empresarios, los periodistas y las cúpulas de los partidos se han pronunciado, sea para rechazarla o para externar los pro y los contra, en el hipotético caso de que la misma logre colarse en una Asamblea Revisora.
   
A lo largo de los años la Iglesia Católica ha podido identificar los males sociales y se ha pronunciado rechazando la indiferencia de la sociedad en su conjunto hacia los temas que aquejan a los más necesitados, en cada ocasión  llama a los responsables a encarar soluciones colectivas.
   
Tampoco las redes sociales se quedaron exenta de este debate: Miles y miles de criterios se cuelan a través del cyber espacio escenificando cruentas batallas entre quienes la rechazan y quienes la favorecen.
   
Todos los juicios externados giran en torno hasta qué punto se lesiona la democracia en la medida en como figuras concentran  por largos años los poderes del Estado más allá de los límites establecidos.
   
La Semana Santa fue nueva vez aprovechada por los obispos para entrar en el debate con el cual la sociedad en su conjunto ha agotado gran parte de la discusión política de los últimos seis meses, luego de que el actual mandatario dijera en un programa de televisión que fijaría su posición en torno a la reelección en el mes de marzo, abril o mayo –algo que no ha sucedido-  creando una ansiedad dentro de los sectores políticos, quienes aguardaron la fecha para decidir sobre sus proyectos personales.
   
El arzobispo metropolitano de Santo Domingo, Francisco Ozoria, al ser confrontado al respeto tomo partido a favor de quienes señalan que la Republica Dominicana se encamina hacia una dictadura, luego de la sentencia emanada del Tribunal Superior Electoral (TSE), donde se favorece a una de las facciones dentro del PRD y, las reacciones a su vez de quienes desde el poder piden interpelar a los jueces por actuar con “Juicios Independientes”.
   
La reacción de quienes confrontan a la Iglesia Católica por su postura no puede considerarse una solución inteligente, si se observa  de que ella representa una parte importantísima de la sociedad dominicana y por igual, posee una agenda en la cual se incluyen temas espinosos como el aborto, la xenofobia, migración, la desigualdad y su firme decisión de colocarse del lado de más débiles, en los aspectos de administración de justicia, la cual también considera sesgada y sujeta a los poderes políticos.
   
Tampoco, resulta juicioso criticarle por aquello de la disminución o no de sus feligreses; los recientes escándalos donde importantes representantes suyos se ven envuelvo en pederastia; desafiar su posición no puede ser políticamente justo, mucho menos, aconsejable si se le mira a través del lente del rol protagónico desempeñado por esta en toda la sociedad.
   
En todo el país los obispos replican a través de sus homilías la posición de la iglesia sobre el asunto de la injusticia social; se aferran a creencias muy concretas sobre la doctrina de la iglesia; pero su afán por colocarse al lado de los débiles no forma parte de una agenda coyuntural; por el contrario, obedece a una canon tan viejo como ella misma; así que, desafiarla no puede ser un camino expedito para quienes piensan que sus objetivos se ven estropeados por su postura, la cual incluye por igual otros temas de su compromiso doctrinal.
   
Hay twitter descabellados donde se expresan los afectados respetos a un tema que no parece tener la dimensión que se le ha querido dar, porque descansa en una decisión cuyo limites están dado por el reloj, sea en la presente semana o en la próxima pero la misma tiene una fecha, la cual culminara un debate añejo y con muchos alborotos, fuera y dentro de los pulpitos católicos.  
   
El ejercicio del poder está limitado por los resortes de unos micros poderes –Moisés Nain- muy próximos a quienes se encuentran en el ejercicio de gobernar, armonizar y concertar son herramientas útiles a la hora de decidir sobre cuestiones criticas como resulta ser el debate de la continuidad.
  
 Los antecedentes impulsores de  estas reacciones de los obispos están ahí: La situación de la Jueza Mirian German y como fue evaluada; la decisión del TSE,  respecto a la situación del PRD; el efecto colateral de interpelar a estos juristas; y, por supuesto, la tirantez del partido oficialista en el manejo del tema de la reelección.
   
A nadie se le puede ocurrir un aislamiento de la principal iglesia de un debate con suficiente trastornos acumulados,  como para suponer un recrudecimiento de los intereses de los  actores, reaccionando por supuestos a unos tiempos cada vez más próximos.
   
Los 7 “torpedazos”  retumbaron en todos los rincones del país apoyado en el soporte moral de los obispos y la fe católica, algo ignorado por quienes se enfocaron en reaccionar confrontándola apoyándose en los últimos eventos, con los cuales se viene empañando su imagen internacional.
   
Y los primeros en emprender el viaje con esta extraña lógica fueron algunos voceros del gobierno, muy empapados sobre la influencia del clero, como una doctrina cuyos orígenes trasciende lo temporal.
   
Ahora resulta muy escabrosa la ruta de recoger las palabras, las cuales inundaron las redes sociales sumiendo a la población por completo en un innecesario debate: La reelección cuenta con un amplio historial de desencuentros; a través de la historia ha dividido a los dominicanos y, por supuesto, ha dejado secuelas en los anales del ejercicio político, a las que no escapan las principales figuras incluyendo a los  eclesiásticos.
   
Reprochar a los responsable de Modificar la Constitución para su beneficio personal, ignorando el bien común fue el argumento esgrimido en la Semana Mayor por los prelados, quienes no desaprovecharon la ocasión, tampoco, para colar otros temas de igual importancia en su agenda con la sociedad; ellos poseen ese don muy particular de encontrar el momento adecuado para expresarse sin tapujos.
   
Este alboroto pudo ser previsto por el gobierno y su equipo, conociendo los álgidos que fueron los  debates recientes y los niveles de confrontación con el cual culminaba la semana como la oportunidad perfecta para reflexionar y dar un nuevo giro en torno a todas estas inconformidades, en vez de montarse sobre el lomo de este alboroto, enturbiando aún más un ambiente de por sí ya enrarecido.



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