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¿Por qué a la gente le atraen tanto los juegos de loterías y casinos?

Pedro Mendoza

Pedro Mendoza

Pedro Mendoza | ACTUALIZADO 21.04.2019 - 6:58 pm

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No se sabe a ciencia cierta en qué año exactamente empezó el ser humano a jugar y apostar, pero sí se sabe que en el año 2000 antes de Cristo (a.de C), ya los antiguos egipcios tenían juegos de dados, incluso fueron ellos los que inventaron el dado de seis caras. Pero los chinos en el año 500  a. de  C  celebraban apuestas en carreras entre corredores humanos, corridas de caballos, y peleas de gallos y de perros. Desde entonces, millones de personas en todo el mundo se sienten dispuestas a tentar la suerte.
   
El juego en los llamados casinos apareció por primera en Venecia, Italia, en el 1638, es decir, en la era del Renacimiento. El juego de lotería o quiniela también surgió en Italia en el 1440, y en el 1769 los españoles la llevaron a México y de aquí se diseminó a toda América.
   
En un principio el único juego de apuestas que jugaban los pobres era el de dados. En la RD todavía en 1960, se jugaba dados “en el monte”, como se decía por aquellos años, en la oscuridad de la noche puesto que ese juego estaba prohibido. Si la Guardia o la Policía  sorprendían a alguien apostando a los dados, pues iba seis meses a prisión, pero además cada mañana, el custodia de la prisión, de lunes a viernes, le daban al preso una pela aleccionadora, cuestión que no quedara con gusto de jugar dados jamás. Y semanalmente, usted recibía un purgante de higuereta porque en aquella época se pensaba que la purga también servía para olvidar el juego de azar ya que una diarrea de dos días  limpiaba todo.
   
¿Qué es la adicción a las apuestas en los juegos y por qué la gente se vuelve viciosa? Decimos que hay adicción al juego cuando la persona siente un deseo irresistible de apostar y la compulsión por apostar se hace tan intensa que la persona es capaz de apostar hasta la ropa que lleva puesta. La adicción al juego se llama ludopatía y ese trastorno de la conducta que lleva a la persona al colmo del sufrimiento, la angustia, la ansiedad, el insomnio, la desesperación y a la culpa, se convierte luego en un trastorno emocional terrible por lo que la persona necesita urgentemente tratamiento con un terapeuta para meses o un año después recuperar la normalidad y el sosiego mental.
   
¿Pero qué es lo que lleva a la gente a la adicción al juego? La gente que se envicia en los casinos aprende primero acompañando a un amigo o al cónyuge  al casino, o bien, que un día por curiosidad hace una apuesta pequeña en un tragamonedas o en una partida de “Blackyack”. Es posible que una noche gane diez mil o cien mil pesos. El problema es que los  casinos o la lotería son para los apostadores ya fuera de control,  como una perra en celo (una perra en calor, decimos los dominicanos), que el olor de sus feromonas atraen a perros que viven a una distancia de hasta 50 kilómetros.

Cuando el perro percibe ese olor tan dominante que sale de la perra que está en celo, el pobre animal no le queda más remedio que seguir dicho olor y él  está “seguro” que lo esa fragancia lo llevará hasta la hembra que le manda su mensaje hormonal. El perro no le teme a la noche, a los peligros de los que lo desconocen  ni a la lejanía de casa ni a la sed ni al hambre. El va tras ese exquisito y desesperante olor que lo llevará hasta la hembra, llueva, truene o venteé.
   
De  la misma manera, el jugador una vez que se deja invadir por el brillo de las luces, los tragos que le brindan y por ese ambiente tan apabullante de los casinos, la poca ropa que usan las hermosas chicas “tallaristas”, los repartidores de cartas bueno mozos,  el deseo irresistible de apostar y la creencia de que nada ni nadie le impedirá ganar, pues el jugador queda esclavizado a ese nocivo ambiente al punto que mientras tenga o le presten dinero seguirá apostando.
   
Otra cosa que empuja a la gente a jugar de modo descontrolado es perder la compañía o la cercanía de un ser amado, un hijo, la esposa o esposo, ya sea por separación, lejanía o muerte. Erróneamente creen que esa soledad se puede subsanar con el juego lo cual lo que hace es  empeorar las cosas porque a su desdicha añade una enfermedad que no tenía antes.
   
Que se sepa, hasta hoy nadie ha conseguido riqueza a través del juego de azar. Usted jamás debe comparar la riqueza conseguida por unos cuantos que se han sacado un loto con los millones de personas que hoy viven en la miseria y que sufren bárbaramente a causa de la lotería y los casinos. Piense en eso y desde ahora mismo déjeles los casinos y la lotería a los bobos.       



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