17 Julio 2019 12:45 PM

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La mejor forma de recordar la muerte de Jesús es entregándole tu vida.

Maricela Ortiz

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Maricela Ortiz | ACTUALIZADO 15.04.2019 - 7:16 pm

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La crucifixión del Mesías fue profetizada en el Salmos 22, mil años antes de ser crucificado. Este Salmo nos muestra una serie de elementos que describen los acontecimientos del mismo, solo por citar vamos a leer dos versículos, pero es recomendable leerlo entero: “Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies.” “Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes.”  Salmos 22:16 y 18.
   
El libro de Isaías, también, nos arroja informaciones sobre el sacrificio de Jesús, Su muerte y lo que traería esa muerte, fechada 700 años antes que el Mesías naciera. La salvación que traería esa muerte por los pecados de Su pueblo y por todas las naciones de la tierra; además, la esperanza de gloria que traería Su resurrección para todos los que en Él creen. Favor (gracia) que hoy podemos disfrutar.
    
“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
   
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.
   
Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.” Isaías 53:12 Isaías 53:3-7 y 12
   
Como Cristo era ese misterio escondido, podemos entender la profecía en el libro de Daniel, la muerte del Mesías, leamos: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.” Daniel 9:26
   
El mismo Jesús anuncia su muerte cuando dijo: “Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle. Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” VV 31-33
   
En estos siguientes versículos podemos ver lo que el Señor nos pide para seguirlo: “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.” Marcos 8:31-38
    
A Jesús no le quitaron la vida, Él la puso, Él se dio por nosotros, por tanto, entregue su vida al Señor. “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” Juan 10:17-18
   
“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir. Le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre? Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va.  Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.  Juan 12:32-34
   
“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.” Mateo 12:40
   
Él no se quedó en la tumba, porque ni la tierra lo pudo contener, Él resucitó, y esta es la fe que ha vencido al mundo, Jesucristo. La Biblia nos muestra un pasaje que nos da una referencia precisa acerca de la resurrección de Cristo, escrita por el salmista David, mil años antes de su nacimiento: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción.” Salmos 16:10
   
“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.  El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.” Mateo 27:50-54
   
Jesucristo resucitó, Él no es una religión, Él es el Salvador del mundo, Quien tiene un reino que no tendrá fin, Jesucristo es real, y su muerte y resurrección tuvo un solo propósito, salvar tu alma, pero tienes que entregarle tu vida, y reconocerlo como tu Señor. No te quedes en la historia, ni en rituales religioso, sed parte de la realidad de Su reino. Cristo vive y está sentado a la diestra de Dios Padre. Acércate a Dios y Él se acercará a ti. Búscalo mientras pueda ser hallado. Hoy es el día.





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