19 Agosto 2019 9:18 PM

PortadaOpiniónColumnas

¿Qué sociedad es la que queremos construir desde nuestras escuelas?

José Rafael Almonte

José Rafael Almonte

José Rafael Almonte | ACTUALIZADO 14.04.2019 - 4:29 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

En los años 80, estudiaba en el Liceo Onésimo Jiménez, y recuerdo que en una ocasión se me ocurrió llegar a casa con la camisa desabotonada, y no bien había entrado cuando mi madre se me paró enfrente y con tono amenazante me pregunto: ¿Qué moda es esta? Mi única y asustada respuesta fue: Mami, es que tengo mucho calor. Mi madre con voz autoritaria, pero llena de las más nobles intenciones me respondió: “que sea la última vez que yo te vuelva a ver en esa condición, -y continuó- aprenda de los animales que no se quitan la piel, sin importar el calor que haga – y agregó- el hombre tiene que tener vergüenza”.

Como este, mi madre me dio otros tantos consejos más. Recuerdo en otra ocasión que quise dejarme el pelo largo, y no pude dormir una noche tranquilo, pues mi abuela me asechaba con una tijera para cortármelo, cosa que yo quería evitar a toda costa, tomando en cuenta que mi abuela no era barbera, ¡ya me imaginaba yo, en que forma me dejaría mi cabeza!, esto me obligó a irme, como dicen en mi campo: “más rápido que de carrera” al barbero a recortarme.

¡Pero hay más! Pobre de mí si llegaba a mi casa quejándome de los maestros que me daban clases; esto equivalía a una buena pela, se me tomaba por las manos y se me llevaba a la escuela a investigar qué había pasado, siempre partiendo de que el culpable era yo – muy raras veces se equivocaban- Hoy, los famosos “protectores” de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, llamarían a esta actitud de mi madre “abuso, maltrato, salvajismo”; yo en cambio le llamo FORMACION EN VALORES.  Bien dice la biblia en proverbios 22:26 “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él”. 

Actualmente, a la edad de 43 años, aún resuenan en lo más profundo de mi corazón, el eco de aquellos sabios consejos; retiñen en mis sentidos los llamados “latazos” que hicieron de la correa mi mejor amiga, con una visión a largo plazo, de cuyos resultados la sociedad de hoy es testigo, pues en el largo camino de mi vida, avatares de todas las índoles se me han presentado a mi antojo, dándome todas las opciones para que hoy yo fuera todo un gran delincuente; sin embargo, esos principios permanecían ahí, intactos, cimentados sobre la base de la moral, las buenas costumbres, los buenos valores (partiendo de ahora a cualquier cosa se le llama valores).

Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que esa generación que son mis contemporáneos, son los hombres y mujeres que hoy sustentan la clase profesional de nuestra sociedad; buenos médicos, buenos abogados, buenos profesores, etc.; de los cuales yo también soy fruto, y somos el resultado de aquellos “abusadores y salvajes”, a los cuales, con todo el orgullo le dedico este artículo; cuyo modelo de crianza con el que fui criado, como una réplica de cuan efectivo resultó, hoy se reproduce en mi hogar, honrando así el legado de mis ancestros. 

Soy un gran aficionado de los cambios, creo que son necesarios, pero de la misma manera que los cambios bruscos de temperatura no suelen beneficiar mucho la salud, de esa misma manera la salud moral de los pueblos se ve afacetada cuando se quieren importar e imponer costumbres, tradiciones y culturas que no pueden ser asimiladas de un día para otro, pues podría ser que  “la cura salga más cara que la enfermedad”. Es lo que está pasando en nuestros Sistema Educativo dominicano, que quieren cambiar a los profesores poniéndole una camisa de fuerza, y  dándoles libertad a los estudiantes so pena de que la conviertan en libertinaje.

 Nos estamos haciendo los graciosos y con chistes de muy mal gusto, pues hoy vale más la tendencia  que las consecuencias. Despojar a las autoridades docentes del respeto y la disciplina que durante décadas le ha valido tanto esfuerzo mantener en los centros educativos,  significa llevarlo a los pies de los estudiantes a golpes y porrazos, ¡y no quisiera estar aquí para ver lo que nos espera como sociedad cuando esto suceda! Si queremos generar cambios, debemos replantearnos objetivos a largo plazo en los que se involucren todos los actores de nuestra sociedad, en favor de la educación, sin desmedro de unos para enaltecer los otros, pues sencillamente estamos apostando al caos.

No es prudente  ignorar que muchos de estos mismos jóvenes que con frecuencia se tornan rebeldes, de modo que ni siquiera a sus propios padres respetan, son la clase sustituta de profesores, enfermeras, médicos, abogados, policías, políticos, etc., que mañana tendrán que tomar las riendas de nuestra nación.

Hoy se les quiere condenar y satanizar a los Directores por implementar normas sobre las peladas, el vestuario, los peinados exagerados, etc., sabiendo que provocaremos una hemorragia que difícilmente podamos detener, pues si hoy dejamos que nuestros estudiantes asistan como ellos quieran a las escuelas, sin que se les tracen pautas que contribuyan al fomento de la conciencia moral, la  ética y las buenas costumbres como competencia humana general, mañana tendremos que complacerlos con la hookah, los aretes, los pantalones a medio glúteos, el exhibicionismo, tanto en hembras como en varones, cuyos calzoncillos están a la cintura, y los pantalones casi por debajo de sus glúteos; habrá que tolerarlos, pues “Toda persona tiene derecho al libre desarrollo de su personalidad”.

Estos Directores de escuelas que exigen este patrón de conducta en los centros en donde dirigen, fueron formados, y por demás, saben  que durante décadas, este modelo de formación ha dado buenos resultados, y lo peor de todo, las amonestaciones se hacen pública como una forma de desmoralizarlo, antes que crear un plan de concientización y adaptación a los nuevos tiempos, en lo que estos profesionales bien intencionados, vayan asimilando a cuentas gotas, que el Sistema requiere de un cambio, mas por sometimiento que por necesidad, pues son muchos los buitres que acechan el 4%, y que fácilmente quieren hacerse los graciosos, para justificar su “aparataje”.

Son demasiados los enemigos del magisterio; muy pocos honran su legado, pues la mezquindad le ha cauterizado el entendimiento a la sociedad para ver que somos la mitad de la piedra angular del desarrollo de nuestro país;  la otra mitad son los estudiantes. Ambos merecemos la misma consideración; uno por lo que da, y el otro por lo que recibe. Este no es el mejor momento para que demos riendas sueltas a una sociedad que esta llegando al límite de su degradación moral; los padres no pueden darse el lujo de dejarse persuadir por este sensacionalismo; estos están en la obligación de trabajar de la mano con la escuela, respaldarla; deben asumir su rol de padre.

También el Estado está en la obligación de crear los mecanismos para que la autoridad en las escuelas no se pierda, se deben trazar pautas, se deben establecer límites, pues se puede ejercer la autoridad con conciencia y respecto, pero con un régimen de consecuencias, pues si no respondemos ante las malas acciones, el resultado a largo plazo será devastador. ¿Querernos menos violencia? ¿Queremos educación vial, y menos accidentes de tránsito? ¿Queremos menos corrupción? Trabajemos entonces, sociedad y escuela de la mano. Si continuamos denigrando a nuestros maestros, el resultado será un país lleno de inadaptados sociales, de jóvenes con baja autoestima, violentos, irrespectuoso, malcriados. ¿Y es esta la sociedad que queremos construir?



0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.