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En torno a la “legalización de las drogas”

Pedro Mendoza

Pedro Mendoza

Pedro Mendoza | ACTUALIZADO 10.02.2019 - 5:40 pm

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El director de Diario Libre, Adriano Miguel Tejada, en un artículo publicado el día 6 del mes en curso y  titulado “Legalizar las drogas: los datos disponibles”, dice  “….como nos muestra la crisis de los opioides en los Estados Unidos las drogas legales pueden causar tanto daño como las ilegales", después de describir los posibles beneficios fiscales y de política estatal que traería la legalización y de mencionar qué sucede en Uruguay y en Colorado, USA,  tras la legalización de la venta pública de la mariguana. En su artículo, AMT señala que antes no teníamos manera de medir las consecuencias prácticas de  tomar una decisión sobre ese asunto, pero que a partir de los días ominosos  que se han vivido en Uruguay y Colorado tras la legalización de la mariguana, pues surge la conveniencia de  mirarnos en esos dos espejos. Y para reforzar lo dicho por AMT, yo agrego que autorizar la libre comercialización de  drogas como la cocaína, éxtasis, anfetamina, LSD, mariguana y la heroína o cualquier otro opiáceo, equivale a excavar una mina de nitrofosfato de sodio o de nitroglicerina bajo una montaña usando para ello explosivos C-4. ¡Nadie podría asegurar cuántos morirían y cuántos quedarían mutilados para siempre!
   
Mucha gente educada, pero que ignora los gravísimos resultados sociales, familiares y personales provocados por el consumo ocasional o habitual de drogas que alteran la salud y el comportamiento humano, cree que legalizar la libre venta de esas cosas disminuiría la demanda, su precio bajaría y también la actividad criminal que genera. Creen que lo que ocurre hoy con las drogas ilegales es el mismo fenómeno que sucedió con la llamada "Ley seca" en Estados Unidos sobre la venta de alcohol: ¡Se legalizó la libre venta de alcohol y todos vivieron felices para siempre! Esa ingenua conclusión parte de la falsa creencia de que las reyertas, muertes, asesinatos, violencia, contrabando y dolencias relacionadas con el consumo de alcohol se redujeron con su legalización.  Ocurrió todo lo contrario.
   
Hoy Estados Unidos de América gasta en tratamiento de los adictos al alcohol y las enfermedades físicas y mentales que provoca unos 150 mil millones de dólares/año, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que en el mundo ocurren 1.8 millones de muertes cada año relacionadas con el consumo de alcohol. Y como si eso fuera poco, la misma OMS afirma que el consumo de alcohol está presente en el 54% de los asesinatos, en 62% de los asaltos y en el 48% de los robos. Es decir, que si se dice que legalizar el consumo de alcohol fue bueno porque aumentó las recaudaciones fiscales, "ah, po' ta bien"; pero que no se oculte que resultó fatal para toda la sociedad por sus consecuencias sobre la vida familiar y personal de la gente.
   
Legalizar la libre venta de drogas estupefacientes y psicodélicas traerá una tragedia aun mayor que la legalización del alcohol porque éste generalmente solo lleva a la adicción después de un largo periodo de consumo regular, pero las drogas opioideas, recreativas y psicodélicas llevan al hábito en cuestión de un tiempo brevísimo.
   
Es excepcional que alguien se vuelva adicto al alcohol porque se beba un par de tragos (ojo, no un litro) en Navidad o para celebrar el nacimiento de un hijo o de un nieto; en cambio, quien prueba la cocaína, la anfetamina o crack tres o cuatro veces por primera vez, tiene un altísimo riesgo de volverse un adicto. Y de aquí en adelante, pues no hay para nadie, ese nuevo adicto asaltará, robará, se prostituirá, estafará y asesinará hasta a “la mama que lo parió”, si la finalidad es conseguir dinero para sustentar su adicción.

La intensidad, la desesperación, la ansiedad extrema que le provoca la compulsión de consumo de la droga es de una magnitud quinientas veces superior a la que le genera la necesidad de consumo a un adicto al alcohol. Esa es la razón de por qué constituye una rareza que un adicto al alcohol asalte o asesine a alguien para comprarse la dosis diaria que ralentice su deseo de consumo.
   
La Encuesta Nacional sobre uso de Drogas y Salud Mental, realizada por el Departamento de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos en el 2003, estableció que existe una estrecha correlación entre uso de drogas ilícitas y  enfermedad mental severa, pues el 21% de los adultos que en ese año recibían tratamiento psiquiátrico ambulatorio  o estaban internados en hospitales mentales eran usuarios de drogas ilícitas, en tanto que solo un 8% de los adultos que recibían atención psiquiátrica en casa o en una institución para enfermos mentales padecían enfermedad mental primaria.
   
El reputado psiquiatra estadounidense, Allen Frances, profesor emérito de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad Durham, Carolina del Norte, en su obra Best-seller 2013, ¿Somos todos enfermos mentales? dice: “Las diferentes elecciones que hacemos los humanos no deben basarse en razonamiento abstracto, sino entre las consecuencias negativas y positivas que otorgan esas diferentes elecciones. Las decisiones se toman buscando el máximo beneficio para el mayor número.”
   
Legalizar la venta de drogas adictivas se está convirtiendo en una moda muy atractiva, pero usarla equivale a “mete la mano en la cuevita que allí no hay cacatica”, pues sí que la hay ¡y muy venenosa!



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