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Un soldado temeroso de Dios

Ramón Enrique Marmolejos

Ramón Enrique Marmolejos

Ramón Enrique Marmolejos | ACTUALIZADO 06.02.2019 - 7:37 pm

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“Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Éste vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. Él, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Éste posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas. Ido el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo.”  (Hechos 10:1 - 8)
   
La Biblia, que es la que palabra de Dios, nos enseña el propósito por el cuál Dios dejó por escrito su palabra, declarando que es poder de Dios para salvación a todo aquel que en él cree. Como él nos enseña también en otro pasaje de la Biblia: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”  (2 Timoteo 3:16 - 17)
  
En el evangelio del apóstol Juan encontramos otra declaración gloriosa donde aprendemos el gran propósito de las sagradas escrituras: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.”  (Juan 20:30 - 31)
   
En la palabra de Dios hay muchas enseñanzas que nos instruyen acerca de cómo Dios salva a un pecador, aún en aquellos casos que parecen imposibles, como el caso de los oficiales del ejército Romano de la época del ministerio terrenal, del Señor Jesucristo. Uno de ellos era el siervo de un centurión: “Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum. Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir.         Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.”  (Lucas 7:1 - 10)

Un centurión que narra el libro de los Hechos nos enseña cómo Dios en su gracia común permite que soldados, que son preparados para la guerra le hagan el bien a otros, como fue el caso del apóstol Pablo, cuando era llevado preso a Roma: “Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta. Y embarcándonos en una nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica. Al otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuese a los amigos, para ser atendido por ellos.” (Hechos 27:1 - 3)
   
Estos hechos históricos registrados en las sagradas escrituras y aquel que controla todas las cosas con la palabra de su poder, nos enseñan que la salvación de un alma está en manos de Dios. Cornelio, un oficial de la guarda romana se destaca como un hombre temeroso de Dios, el puso en práctica su condición humanitaria haciendo favores al pueblo él y su familia, dando limosnas, oraban a Dios todos los días, pero a pesar de todo una sola cosa les hizo falta, y era que entregaran sus vidas a Cristo, ya que la salvación de un alma no se logra con buenas obras sino por medio de la gracia y misericordia de Dios, como el Dios soberano nos enseña en su palabra: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8 - 9)

Dios tenía diseñado para Cornelio la forma de como él iba a tener un encuentro con aquel que murió en la cruz para salvar a todos los que han de ser salvos. Dios envío a su siervo Pedro para que Cornelio se diera cuenta cuál era su situación delante de Dios. El apóstol Pedro se dirige a casa de Cornelio y éste le estaba esperando: “Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre. Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido.” (Hechos 10:24 - 27)
  
Luego de éste encuentro Cornelio y su familia escucharon la palabra de Dios por medio del apóstol Pedro y alcanzaron la salvación de su alma.
   
Es tiempo de tener Un Encuentro con Dios para que al igual que éste soldado romano y su familia escuches la palabra de Dios para que tus pecados sean perdonados y lavados en la sangre de Cristo.

-Todas estas citas Bíblicas las encontrará en la Biblia Reina Valera 1960-



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