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El municipio posible

Luis Córdova

Luis Córdova

Luis Córdova | ACTUALIZADO 05.12.2018 - 7:27 pm

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Los tambores de guerra no han parado de sonar. La lucha ha sido incesante, inclemente y desproporcionada. Un grupo de hombres y mujeres del marginado sector de Cienfuegos soñó lo que otros tienen, apostaron a que las esperanzas algún día fueran hechas realidad. En el ejercicio de la inocencia creyeron que algunos respaldos eran verdad.
   
La historia de esta comunidad es reciente y dolorosa. Acaso el designio vino dado en las llamas de un incendio que el 2 de agosto de 1975, dejó en cenizas las “cien” casas del Callejón del Ejido. Quizás no eran propiamente casas, igual que la certeza del número, pero resultó viable la disposición del presidente de la República de ubicar los siniestrados en unos terrenos de la parte oeste del municipio.
   
Distante, lejano y olvidado. Cienfuegos fue la versión santiaguera del “Self-made man” del norteamericano Henry Clay, llevado a la escultura por Bobbie Carlyle: el hombre hecho a sí mismo. La imagen de una roca enorme de cuya parte más alta surge un escultor que, martillo y cincel en manos, esculpe su propio cuerpo, su propia libertad.
   
La discriminación no fue óbice. Labraron su identidad en medio de una explosión demográfica con una dinámica y vertiginosa actividad económica que desborda el imaginario de los que desconocen su realidad, desmontan santos de altares profanos,  desnudan la opinión quienes lo hacen de oídos, sobrepasa las fórmulas prefabricadas de especialistas y gurús.
   
De ese modo llegó la quimera con el nombre de “Santiago Oeste”, más que el nombre de un proyecto de cara convertir en municipio este territorio, ha sido convertido en la condensación de los anhelos de comunitarios que, conscientes o no de la descentralización administrativa, merecen un espacio que ayude a dignificar el sacrificio de los buenos y deje lado el estigma que imprimen unos cuantos.
   
Cienfuegos cumple las razones de ley. Cienfuegos sobrepasa la dinámica e identidad cultural para agruparse bajo una sombrilla conceptual. Cienfuegos tiene el mérito de labrar un destino común. Santiago Oeste será municipio, es cuestión de tiempo.
   
Quienes se oponen han esgrimido toda clase de argumentos. Los que allí viven responden con sentidas razones. Ahora se pretende reducir la discusión a un problema económico. Pero no por ese eufemismo de que sería “crear un municipio pobre”, abyecto discurso al reducido y pobre en un mundo cada vez más sincero y con mayor memoria.
  
 Santiago Oeste es el municipio posible. Un paso político sensato y se adelanta: convertir en  Distrito Municipal la sección del Ingenio Abajo, que tendría a Cienfuegos como ciudad cabecera y como secciones el sector de La Parada 7 y San Miguel. Así fue modificada por la resolución por la Comisión de Asuntos Municipales de la Cámara de Diputados de la República Dominicana que finalmente la aprobó.
   
Continúa su tránsito, con viento a favor, en el Senado de la República. Ahora que las agendas personales se sobreponen el interés político colectivo, ahora que las promesas se guardan en los corazones de una generación que ha visto pateado sus sueños, ahora (un ahora que recuerda a Sabina: Ahora que está tan lejos el olvido). Santiago Oeste es necesario no porque sea una división más, sino abriría, con merecido reconocimiento al esfuerzo colectivo, a una nueva realidad que redimensionará el desarrollo territorial de Santiago como provincia.



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