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Familias sólidas en tiempos difíciles

Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara | ACTUALIZADO 07.11.2018 - 6:33 pm

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Todos somos dichosos por haber nacido en una familia. Tan grande es esta dicha, que sin darnos cuenta la gente puede cambiar a sus amigos, parejas, vecinos, etc., pero jamás a sus familiares, porque es una realidad fundamental en cada individuo crecer y desarrollarse con sus seres queridos. Tan grande es el peso humano de nuestros parientes que hasta refranes alusivos al valor de la familia tenemos en la sociedad. Por ejemplo, conocemos el que dice:     
   
“La sangre pesa más que el agua”, el cual se explica reconociendo que a cada quien le duelen sus seres consanguíneos más que cualquier otro particular. Así, por más conflictos y contratiempos que existan, los vínculos familiares nos unen e influyen en la formación de nuestra personalidad.
   
Tenemos que dejar claro de antemano, que la frase gastada que repiten los libros, “la familia es célula de la sociedad”, no son palabras aéreas ni mucho menos una idea inventada para llenar requiso en la educación escolar. Todo lo contrario, la familia es el fundamento de la humanidad; sin familia no hay hombres ni mujeres de buena voluntad. Gracias a la existencia de la familia, podemos construir una mejor y más sólida nación. Lo que significa entonces, que sin familia este mundo solo sería un lugar donde convivirían individuos que sin tener ninguna relación en común se soportan unos con otros para lograr sus objetivos personales.
   
No es un secreto para nadie que hoy la familia se encuentra amenazada, ya que está rodeada de muchas situaciones que buscan desintegrarla desde su raíz. Esto ha traído como consecuencia, el aumento de los divorcios, los feminicidios, los fratricidios, la violencia interfamiliar, y otras realidades. Estas situaciones tan tristes, contribuyen directamente con el deterioro de la integridad familiar, y llevan a que el concepto de familia, en el sentido sagrado y puro, desaparezca lentamente, quedando reducido a simples sujetos que viven en un mismo espacio por sus propios intereses.
   
Por diversas razones, es difícil ver una familia estable en estos tiempos. Especialmente por el impacto que tienen en nuestra sociedad las redes sociales, la ideología de género, el afán por el dinero, y la mentalidad de vivir una existencia sin la presencia de Dios. Lo que se ve en la actualidad es que, mientras por un lado se lucha por tener familias con valores y criterios cristianos, por el otro, existe una mentalidad individualista que presiona para destruir todo concepto que implique familia, lazos biológicos y fraternidad. Pues lo que se busca en el fondo es eliminar todo aquello que conlleve unidad y refleje la huella de Dios.
   
En definitiva, pretender borrar a la familia es atentar contra lo divino, porque Dios es Trinidad. Por tanto, la familia es reflejo de la convivencia interna que los seres humanos viven con Dios. Defender siempre a la familia es avanzar hacia la madurez espiritual. Es garantizar que las próximas y futuras generaciones tendrán en su corazón, el temor de Dios. También es asegurar que nada exterior destruirá la resistente formación ética y moral recibida en la casa, porque es justamente en el hogar donde se conjugan el afecto, la educación, la fe y las buenas costumbres.  



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