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El presidente visita China

José Alejandro González

José Alejandro González

José Alejandro González | ACTUALIZADO 04.11.2018 - 5:56 pm

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Por primera vez un presidente dominicano visita oficialmente la República Popular China. Como es usual le acompañarán el canciller de la República, altos funcionarios de la administración pública, empresarios industriales, empresarios turísticos, comerciantes, políticos y, los infaltables periodistas.  

La visita es consecuencia natural del establecimiento reciente de relaciones diplomáticas entre la República Dominicana y la República Popular China. Sin lugar a dudas que el presidente, sus acompañantes y muchos compatriotas esperan de esta visita favorables resultados para beneficio de todos los dominicanos. El establecimiento de relaciones diplomáticas con China le costó al país, además de romper viejas relaciones diplomáticas, el desconocimiento de Taiwán como Estado soberano y, tácitamente reconocer la isla como una provincia de la República Popular China.

La decisión del presidente suscitó la controversia inevitable entre aquellos que preferían continuar las ya tradicionales relaciones con Tawián y estos otros que favorecieron saltar la tradición e iniciar un nuevo camino. El nuevo camino, que, a primera vista luce muy prometedor desde una perspectiva económica, también tiene peligros y obstáculos que podrían limitar o impedir sus posibles beneficios para la República Dominicana. Los dominicanos habitamos en la segunda isla más grande del concierto de islas del Caribe, compartimos La Hispaniola con el vecino Estado de Haití, considerado el país más pobre de América.

Al margen de las siempre condenables y nunca olvidadas contingencias de haber sido invadidos en dos ocasiones por tropas estadounidenses, la República Dominicana ha mantenido unas estables relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con los Estados Unidos de América. Nuestra economía es relativamente pequeña comparada con las economías de otros países de la vecindad, pero es casi insignificante comparada con la megaeconomía estadounidense a cuyo mercado son exportados cada año aproximadamente el 85% de la producción nacional. A partir de los años sesenta comenzó la emigración de dominicanos hacia Estados Unidos, principalmente a la ciudad de New York.

Durante el curso de los años fue creándose un vínculo económico, cultural, social, casi familiar entre aquel gigante del norte y nosotros, habitantes de esta isla compartida. Para nadie es secreto que el Caribe  conformado por un gran arco de islas es una zona de primerísima importancia estratégica para la seguridad de los Estados Unidos de América. A principios de la década del sesenta el gobierno revolucionario de la isla de Cuba presidido por Fidel Castro, después de este haberse declarado marxista, desdeñando al Poderoso del Norte, decidió establecer relaciones diplomáticas con la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Este hecho político favoreció que la URSS, la gran rival de los Estados Unidos en la lucha por la hegemonía mundial de aquellos tiempos estableciera una punto de apoyo desde donde podía apuntar armas hacia el ahora cercano territorio de su enemigo ideológico, político y militar. Estas fueron inmediatamente instaladas en la isla; eran misiles balísticos nucleares capaces de destruir cualquier ciudad estadounidense.            

Descubiertas las plataformas de lanzamiento de los misiles en la isla, el gobierno norteamericano tendió un cerco marítimo a la misma y conminó a la URSS a retirar las armas nucleares inmediatamente; si no lo hacía EUA atacaría la isla. Ante la firmeza del presidente Kennedy los soviéticos desmantelaron y retiraron los misiles. El mundo estuvo a menos de un paso de una tercera guerra mundial, esta vez  nuclear que podría haber aniquilado la mayor parte de la vida en la tierra. Este grave precedente histórico marcó toda una época llamada Guerra Fría, período caracterizado por el enfrentamiento entre dos colosos que se temían mutuamente por la gran potencia destructiva de las armas con las cuales se amenazaban.

El amenazante periodo terminó con la caída del Muro de Berlín en 1989 que arrastró consigo a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas provocando el colapso tardío de las ideologías políticas, económicas y sociales derivadas del marxismo-leninismo. El poder de la economía estadounidense superó a los soviéticos; salieron ilesos de esa guerra virtual, aparentemente solos como la única potencia mundial. Pero un profundo cambio de rumbo en la política económica de un relativamente ignorado régimen comunista transformó en menos de dos décadas un país del tercer mundo en una de las primeras potencias del mundo.

La República Popular de China bajo la dirección de Deng Xiao Ping y sus sucesores del Partido Comunista ha dado un salto histórico que ha sorprendido a todos, particularmente a los EUA. El admirable crecimiento económico de China necesariamente ha impulsado a este milenario  país a expandirse más allá de sus inmediatas fronteras, retomando sus influencias y dominio en el Pacífico Sur, llegando incluso al continente americano estableciendo relaciones diplomáticas con Estados de tierra firme y Estados isleños como la República Dominicana.

Los gobernantes estadounidenses, durante el transcurrir de las últimas dos décadas, desgastaron el poder económico y militar norteamericano iniciando guerras inútiles que favorecían solamente los intereses de un poder oculto a lo interno del país. Ese poder profundo está siendo actualmente combatido y denunciado ante el pueblo estadounidense. El actual presidente de EUA es un celoso defensor de los intereses de su país; ante él cualquier entendimiento dominicano con China estará bajo vigilancia.                   



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