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¿Acaso ganó Bolsonaro en Brasil?

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto | ACTUALIZADO 04.11.2018 - 5:54 pm

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En muchos países del planeta se preguntarían cómo es posible que un capitán sin pensamiento pueda llegar al poder en un gran país que representa la octava económica del mundo. Aquí irreversiblemente surge la duda, afuera o dentro de la iglesia: ¿Acaso ganó Bolsonaro en Brasil?
    
Para muchos, el triunfo electoral en segunda vuelta de Jair Messias Bolsonaro, un ex militar de la extrema derecha intransigente brasileña, fue el producto del esfuerzo individual de este candidato de 63 años de edad. Pensar así seria desconocer la asechanza, la política de reacomodamiento y rearticulación de aquella vieja oligarquía conservadora brasileña
    
A decir verdad, Bolsonaro aportó muy poco a su victoria electoral en la segunda vuelta. Si la oligarquía brasileña no se hubiera vinculado con el sistema de justicia para mantener en la cárcel a Lula da Silva la historia de las elecciones hubiera sido contada por otro candidato y no por Jair Boldonaro.
    
Además, el triunfo de Baldonaro se debió a que la oligarquía económica brasileña puso al servicio de este candidato todos los medios de comunicación,  un montón de recursos económicos o financieros y todas las blasfemias venidas de iglesias del fuerte sector protestantes
    
A partir de estas elecciones los brasileños podrían volver a ver el regreso de la antigua Unión Democrática Nacional (UDN) en un Brasil muy distinto al que gobernó Luiz Inácio Lula da Silva, Dilma Rousselfr y el Partido de los Trabajadores (PT).
    
Brasil está en presencia de una vuelta al poder de aquella oligarquía del expresidente Janio Quadros en Sao Paulo, perteneciente a la antigua Unión Democrática Nacional (UDN), el partido de la oligarquía.
    
Al igual que lo sucedido en Grecia cuando gobernaron Atenas los Treinta tiranos, a partir de la toma de posesión de Bolsonaro los brasileños van a vivir una forma perversa y negativa de la aristocracia más corrupta.
   
Al parecer, la reactivación en Brasil de la vieja UDN, un partido representante de la derecha tradicional y el surgimiento del Partido Social Liberal (PSL) que postuló y acaba de llevar al poder a Jair Bolsonario, este último partido, es un desprendimiento del antiguo Partido Laboral Brasileño (PLB), de centroderecha, fundado en 1945 bajo el aliento ideológica del cuatro veces presidente de Brasil, Getulio Dornelles Vargas.
     
Al producirse un realineamiento doctrinario entre el PSL y los remanentes de UDN, Brasil volverá a caer en las manos duras de una derecha intransigente con conocido apoyo del sionismo
    
A pesar de este reagrupamiento de fuerzas oligárquicas alrededor del PSL, fuerzas que se hallaban dispersas como fruto del ascenso al poder en Brasil del populista Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores (PT), es probable que  en poco tiempo se forme una alianza entre los militares y la oligarquía para privatizar el país, reorientar los nexos comerciales en los sectores importación y exportación tratando de perjudicar a China, señal que fue dada con la visita de Bolsonaro a Taiwan.
   
 Si esto llegara a suceder, lo cual no se puede descartar, la propia oligarquía podría verse amenazada y tendría que cortar el mal por la raíz poniendo en movimiento un golpe de estado militar o simplemente ir al legislativo y destituirlo.
    
La derecha brasileña es la mas poderosa de América Latina y controla todos los medios de producción de bienes de riqueza y de comunicación, radiales, televisivos y escritos. Nadie duda, que Bolsonaro es también un instrumento de esa oligarquía  que siempre lo ha visto como el capitán pobre diablo, hoy convertido en un falso ángel.
    
Haciendo un poco de historia para que se pueda entender la situación política actual de Brasil, debo recordar que el PT aparece en el escenario de la política de Brasil como resultado del declive  en 1970  de las fuerzas de los partidos Alianza Renovadora Nacional (ARENA), que fue disuelto por una decisión del Tribual Supremo en 1979 y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), fundado en 1980, que apoyó en 1998 a Fernando Henrique Cardoso, a Lula da Silva en 2006 y a Dilma Rousself en 2010 y 2014, luego estos partidos se transforman en el Partido Democrático Social (MDS) de centro derecha.
    
El PT se desarrolla a partir de un conjunto de sindicatos provenientes del Partido Laborista Brasileño (PRB), de Getulio Vargas, que aglutinaba a demócratas y socialistas.
    
Debo decir desde ahora, que existe la posibilidad que  las fuerzas oligárquicas que tienen el control del país desde el gobierno de facto de Michel Temer Lulia al pasarlo hora a las manos de Bolsonaro,  se inicie, como en los viejos tiempos de Humberto Castelo Blanco, un proceso de proscripción de los partidos políticos y la expulsión del país de todos sus líderes, incluyendo al propio Lula da Silva, bajo el pretexto de declararlos sediciosos y un peligro para la estabilidad política, económica y social del país carioca.
   
 Quiero expresar al final de este artículo, que varios enigmas aparecen hoy en la geografía política y social de Brasil, una de ella seria la posibilidad de que un personaje como Bolsonaro amanezca  como títere en una fábula de Félix María Samaniego o peor aún, que un día en vez de ver su rostro vea en el espejo a un gran idiota del siglo XXI
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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