19 Diciembre 2018 12:31 PM

PortadaOpiniónColumnas

¡Catorce años no son nada!

Miuris (Nurys) Rivas

Miuris (Nurys) Rivas

Miuris (Nurys) Rivas | ACTUALIZADO 08.10.2018 - 6:00 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

Un pueblo de la provincia de La Vega, una adolescente que pone fin a su vida, una madre cuyos ojos al volver a su casa, contemplan la espantosa escena de ver a su hija muerta colgando. ¡Horror de horrores!
   
14 años no son nada, en generaciones pasadas no hace tanto tiempo, una niña con esa edad, era una chiquilla pegada a la falda de su madre, que compartía su tiempo entre tareas escolares y juegos inocentes con muñecas y “comiditas”.
   
Ciertamente los tiempos han cambiado, debemos admitir con naturalidad esos cambios, no es menos cierto, sin embargo, que nos estamos perdiendo entre tanta modernidad.
   
Creo que la humanidad no asimila con suficiente mesura, los extraordinarios cambios que han revolucionado de tal manera a las costumbres, que ya nada es igual, ni la crianza de los hijos, ni el comportamiento de los padres.
   
Cuando no somos capaces de permanecer siendo dueños de nuestros valores y principios, caemos en la debilidad de aceptar y ser nosotros mismos, portadores de conductas que no son ejemplares para la familia.
   
Es necesario que se impongan unos patrones conductuales capaces de no hacer sucumbir la estabilidad del hogar, debe ser primordial para padres y madres, encauzar sus esquemas de vida, para que sean una base firme en la formación de sus hijos.
   
Esto en sentido general, sin hacer referencias particulares a persona o familia alguna, aunque quiera referirme al caso de la niña de 14 años encontrada ahorcada por su madre, una acción que ha consternado no solo a su familia, sino a toda su comunidad.
   
Ignorando sus condiciones familiares, el desgraciado evento solo puede tocarse de manera superficial, el hecho de que una adolescente de tan tierna edad tuviera el coraje para tomar esa decisión, es motivo para reflexionar a profundidad sobre los males que afectan a la familia dominicana.
   
Peor aún si además se toma en consideración que no es la primera adolescente que comete semejante acción, la moderna actualidad nos ha igualado a países grandes en los que generalmente sucedían esos casos, antes cuando alguien nos contaba sobre semejantes eventos, solíamos preguntar: ¿donde ha sucedido? ojalá nuestro país hubiera tomado la carrera hacia los avances modernos, sin haber tenido que tocar fondo de manera en que la familia está a punto de ser desintegrada.       
   
Ojalá que Sugeyri hubiera abierto el corazón sino a su progenitora, a su maestra, su padre, a una amiga o hermana y le hubiera contado lo que le aquejaba, de esa manera, nos hubiéramos evitado, primero el dolor por la noticia y luego obligarnos a dar al país, la voz de alarma sobre tan lamentable suceso.


0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.