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La violencia patrimonial en la pareja

Yudelka Padilla

Yudelka Padilla

Yudelka Padilla | ACTUALIZADO 14.09.2018 - 6:35 pm

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Es común que cuando se hace referencia a la violencia nos llegue al pensamiento la física y la psicológica; pero la violencia patrimonial es tan común como las demás, y también afecta a la estabilidad de las personas, no solamente económica sino también emocional.
   
La violencia es un mal del que pueden ser víctimas tanto hombres como mujeres, en el caso específico de la patrimonial pasa muchas veces desapercibida, más cuando se da en la pareja, debido a la sutileza que muchas veces la caracteriza; además, las leyes no la tratan con el mismo empeño que cuando la violencia es física o es psicológica.
   
La violencia patrimonial es todo acto u omisión que afecte la supervivencia de una persona, y se puede manifestar en la pareja de varias formas: mediante la sustracción de bienes o valores del cónyuge; o mediante la distracción o la retención de valores destinados a cubrir necesidades de la familia o de la pareja; también, no colaborando en los gastos del hogar; adueñándose del dinero o de los bienes del cónyuge; o prohibiendo comprar ciertas cosas.

Puede mostrarse, también mediante el ocultamiento de documentos como libretas de bancos, pasaportes, cédula de identidad, actos jurídicos, títulos de propiedad, etc. con la finalidad de coartar la libertad patrimonial de la víctima.

Otra forma en que se manifiesta la violencia patrimonial es a través de la destrucción de objetos o cosas.

También constituye violencia patrimonial cuando se utiliza el poder económico para controlar las decisiones y proyectos de la pareja; cuando se ejerce control sobre todo el ingreso a los bienes comunes de los cónyuges o sobre los bienes propios de la pareja, etc.
  
 Generalmente, el abusador tiene el control sobre el dinero de la familia y posee la titularidad de los mismos, como también de los bienes inmuebles.
    
Es común, en el caso de las parejas que conviven en matrimonio o en una unión consensual, que ambos patrimonios se confundan entre sí, ya sea por el régimen matrimonial adoptado o por la costumbre asumida por la pareja. Y frecuentemente, ese conjunto de bienes, derechos y obligaciones de los que es titular una persona quedan bajo control de solo uno de los miembros de la pareja.

El abusador, que es quien detenta el poder, a veces utiliza la figura denominada simulación de actos por interposición de persona, que es cuando suministra el dinero para que otra persona (comúnmente un familiar o amigo) “compre” algún inmueble, y de esa forma evita que dicho bien entre a ser parte de los bienes comunes de la pareja.

La violencia patrimonial, a pesar de ser tan común, ha sido obviada en la legislación. La ley 24-97 contra Violencia Intrafamiliar se enfoca en la violencia física y la psicológica; pero no hace referencia expresa a la patrimonial.

De manera tácita, se refiere a esta en el artículo 309-4, agregado al Código Penal, cuando busca proteger los bienes de la mujer o del hombre víctima de violencia física o psicológica, previendo las siguientes medidas conservatorias:
 “h. Orden de presentar informes de carácter financiero sobre la gestión de los bienes comunes y de la empresa, negocio, comercio o actividad lucrativa común;
i.  Interdicción de enajenar, disponer, ocultar o trasladar bienes propios de la víctima o bienes comunes;
j. Orden de reponer los bienes destruidos u ocultados;
k. Orden de medidas conservatorias respectos de la posesión de los bienes comunes y del ajuar de la casa donde se aloja la familia;”
Según los informes de investigaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), a pesar de que tanto hombres como mujeres pueden ser víctimas de violencia, hay más experiencias de mujeres maltratadas, ya que culturalmente, estas han sido marcadas con relaciones de subordinación frente al hombre.
  
Sin embargo, un punto debe ser tomado en cuenta es el rol de proveedor que ha impuesto al hombre la cultura que muchas veces lo hace asumir un rol que excede de sus posibilidades económicas, lo que hace que en muchos casos este también sea víctima de violencia patrimonial de parte de la mujer.

Establece el artículo 214 del Código Civil: “Cada uno de los esposos debe contribuir, en la medida de lo posible, a los gastos del hogar y a la educación de los hijos.”

Asimismo, artículo 224 del indicado Código establece que: “Cada uno de los esposos percibe sus ganancias, entradas y salarios y puede disponer de ellos libremente después de haber cumplido con las cargas del matrimonio.”

Legalmente, la pareja goza de iguales derechos en la administración y disposición de los bienes comunes; pero también iguales responsabilidades u obligaciones en los gastos del hogar.

Para poder erradicar la violencia en todas sus modalidades es preciso que primero esta sea reconocida como tal, sin justificación alguna basada en roles y estereotipos heredados de la cultura patriarcal.

La autora es abogada, escritora y docente universitaria.



1 comentario(s)


  • 1

    Guillermo

    16.09.2018 - 10:54 am

    Excelente comentario ! Una realidad actual.


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