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El valor de la educación 2

Luciano Filpo

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Luciano Filpo | ACTUALIZADO 13.09.2018 - 6:05 pm

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El filósofo español Fernando Savater escribe una obra llamada “El valor de educar” donde se consigna la importancia cardinal de forjar una educación integral acorde con la época y que procura la realización del ser humano. Todo acto educativo se inspira en la libertad y la realización del ser humano. Respetando las costumbres, tradiciones y concepciones de grupos y sociedades, la educación promueve la autonomía, la emancipación y formación sin ataduras, valladares o preconcepciones. Una cosa es la doctrina y otra es educar. Donde hay doctrina hay imposición, dogma, fórmulas, pueden ser buenas para la preservación de unos modales, rituales, convenciones; pero si hay educación se da un proceso de cuestionamiento, razonamiento, libre albedrío, rupturas teóricas, creatividad, innovación, buenas prácticas. En su texto de “Sociología de la educación” Mariano Fernández sostiene que la educación debe procurar cuatro funciones: laboral, proporcionar al ser humano herramientas para ser exitoso en el mundo del trabajo; función social: el acto educativo promueve habilidades en el individuo que fortalecen su carácter gregario, así como facilitar la vida en comunidad, con la educación se prepara para la convivencia y la tolerancia.            

Función conservadora, la educación contribuye a la preservación del orden social. La educación es más que una acción instrumental, que una herramienta a manipular, en la visión freiriana es autonomía, emancipación y liberación. Con la educación se interpreta el mundo y se procura la transformación del mismo, teniendo siempre como horizonte la redención del hombre.                

Tradicionalmente la educación ha discurrido en entornos autoritarios, guiados, controlados y vigilados por especies de eruditos o demiurgos que se muestran como absorbentes, irrefutables. Varios movimientos pedagógicos han enfatizado la necesidad de forjar un hombre pleno, de ser curtido en su diversidad, unipersonalidad e identidad. El humanismo se inspira en la capacidad del ser humano para razonar sobre la realidad en la aprehensión de que “El hombre es la medida de todas las cosas”. El humanismo recupera las esencias y potencialidades de género humano, promoviendo asuntos filántropos, altruistas y solidarios relacionados con el que hacer de los individuos. La educación es algo más que una correa de ensamblaje o transmisión del engranaje social, es civismo, tolerancia, control, realización y formación integral. Por su parte, inspirados en el humanismo cristiano se desarrolla la visión personalista, cimenta en el pensador francés Peter Faure y sostiene que es necesario educar para la sociedad, pero partiendo de la individualidad, de las potencias y el proyecto que representa cada individuo. Es decir la educación toma en cuenta y alimenta las diferencias individuales, sin promover el menor individualismo egoísta, egocéntrico y segregador.  Sostiene Howard Garner que existen inteligencias múltiples; la educación debe canalizar y potencializar esas habilidades personales de cada individuo… de su lado Jacques Maritain planteaba la necesidad de una educación integral, que no se aparte de la ciencia, la razón, pero que no deje de lado los valores.            
La inculcación de valores y pautas normativas de comportamiento son un postulado de la visión integral del neotomismo. También algunos autores norteamericanos como Karl Rogers y Jhon Dewis apuestan a una educación humanista y orientada a la realización y emancipación del individuo. La educación contemporánea cuestiona las imposiciones, las injusticias, la existencia de minorías, la intolerancia y los procesos de manipulación mediática. Según Noam Chomsky se crean pedagogías de la mentira que crean falsa conciencia, que manipulan y moldean a los individuos respecto a los países y sociedades. En la pedagogía de la mentira se enseña a odiar pueblos, a construir estereotipos y a justificar actos de retaliación.            

Paulo Freire estuvo preocupado por la promoción de modelos pedagógicos que cuestionen, critiquen, descontruyan paradigmas, pero que aspiren a la emancipación del hombre. Por su parte, Miguel Sabalza habla de la necesidad de contar con educadores y educadoras que impacten al alumno, que inspiren buenas y novedosas prácticas, que promuevan aprendizajes significativos y articulados a la realidad. La sociedad dominicana está viviendo la pedagógica de la mentira, con una supuesta revolución educativa que no trasforma ni cambia nada, que solo ha contribuido a promover un botín mercantil entre allegados del gobierno. La falsa  revolución educativa no muestra eficiencia para administrar los recursos, mucho menos para las fases pedagógicas. En conclusión, se está ante el reto de la educación postmoderna, que promueve tolerancia, libertad, respeto de las minorías, reconocimiento del otro, los educadores y educadoras deben procurar herramientas para lidiar con una generación de un mundo complejo, dominado por el inmediatismo, la interrupción frecuente, así como la búsqueda  continua de reconocimiento y derecho. Estamos ante lo que se denomina la educación prohibida, aquella que sale de los moldes y componentes teóricos de la contemporaneidad. Parafraseando al gran Eduardo Galeano se requiere de una educación que enseñe a pensar más que a obedecer.

El autor es Dr. en Educación



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