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Nuestro país no es de los más felices del mundo

Ramón E. Durán

Ramón E. Durán

Ramón E. Durán | ACTUALIZADO 10.08.2018 - 5:49 pm

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Un Informe  Mundial de la Felicidad de 2018 que toma en consideración a  156 países, elaborado por expertos a instancia de la ONU, indica que el país más feliz del mundo es Finlandia y la República Dominicana está en el lugar 83,  superando a Venezuela y Haití, pero lo paradójico de este estudio es que México, que es un país extremadamente violento nos supera en felicidad, es decir los mexicanos son más felices que nosotros.  
   
Hemos escogido   este   tema para comentarlo, porque nos llama curiosamente  a la atención, pues  el significado de la palabra felicidad  no está acorde con  nuestra realidad, en razón de que los habitantes de este país no podemos considerarnos felices  porque   estamos   lejos de alcanzar la definición de esa palabra. 

Según define la enciclopedia, la felicidad ´´es la sensación de bienestar y realización  que experimentamos cuando alcanzamos nuestras metas, deseos y propósitos, es un momento duradero de satisfacción, donde  no hay necesidades que apremien, ni sufrimientos que atormenten´´.
 
Siendo esa la definición de la felicidad, los dominicanos no podemos catalogarnos   como un  país donde sus habitantes  somos   felices, pero tampoco  podemos señalar que hemos logrado metas y cumplidos deseos  si padecemos de muchas necesidades, quizás las más importantes entre las que se encuentran vivir en paz.

En   lo único   que lideramos a muchos países del mundo es en    corrupción y el  robo al erario público, un delito por el cual a nadie lo llevan preso en este país, entonces no    podemos hablar de  felicidad    con tantas necesidades que nos agobian y el sobresalto en que vivimos.
   
Pero cada quien tiene su manera de ser feliz,  para el mendigo  su mayor felicidad es encontrar algo que comer y  un lugar en la noche donde dormir,  así como  el rico empresario que acostumbra ganar mucho dinero,  no se siente feliz cuando sus ingresos no están acorde con sus ambiciones.
Hay un pensamiento que señala que la verdadera felicidad es estar en paz con Dios y la propia conciencia, viviendo  en armonía con la familia en el hogar.  En el libro de Lucas capitulo 21, versículo 2 narra acerca de la viuda que se sintió feliz cuando en el templo aportó dos monedas de poco valor,  que era todo lo que tenia.  
   
El estudio de Naciones Unidas no se equivocó porque no somos un país feliz mientras nos gobiernen los responsables de tantos problemas  que nos no permiten vivir en paz, porque  se ha perdido la libertad de movilizarnos libremente temerosos  de que   en cualquier calle nos encontraremos un  delincuente para robarnos o matarnos, privilegio del  que ya no podemos disfrutar    en estos 48 mil kilómetros cuadrados.
No podemos hablar de paz en un país donde a diario somos testigos a través de los medios de comunicación de  noticias que hablan de  crímenes horrendos nunca escuchados,  y  de autoridades  que para mantenerse en el poder compran conciencia regalando pírricas  fundita de comida, un salami, cerveza o una botella de ron.
   
Donde los hospitales y el sistema educativo aunque hayan mejorado   siguen siendo deficientes y que  vehementemente son defendidos por la  propaganda del gobierno que vive hablándole mentira a la gente.

No podemos ser felices en un país donde falta de todos,   mientras la corrupción oficial se traga 26 mil millones de pesos al año, que multiplicados por diez estaríamos hablando de 260 mil millones, cantidad suficiente para resolver muchas, pero muchas necesidades en este país. Y son tan descarados que aún así hablan de crecimiento económico, pero ellos saben quiénes  se lo creen.
   
Lo creen los que trabajan en el gobierno y los que reciben migajas a través de los subsidios  y la tarjetas de solidaridad, lo creen la gente que ellos tienen anestesiados y sumidos en la ignorancia, los tarados, de los   que tantos abundan  en el  país.






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