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¿Dónde está el crecimiento económico?

Luciano Filpo

Luciano Filpo

Luciano Filpo | ACTUALIZADO 09.08.2018 - 6:24 pm

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En macroeconomía se habla de crecimiento económico cada vez que un conjunto de indicadores como el consumo, generación de empleo, el ingreso, la recreación y el saldo de servicios tienen un comportamiento positivo y tangible en la población. En el caso dominicano economistas como Miguel Ceara Haton y Pavel Isa Contreras cuestionan la naturaleza del crecimiento de la economía dominicana, por más de 50 años, ya que el mismo no se refleja en la reducción de la pobreza y en la calidad de vida de la población.        

Algunos sectores de la economía como turismo, finanzas, zonas francas son los que acumulan grandes indicadores de crecimiento. En otro orden la informalidad también ha crecido en la economía dominicana. Se vive con unos salarios deprimidos y el costo de la canasta familiar se halla en la troposfera. De manera cíclica el mago del Banco Central, el demiurgo de los números fríos extrae de su gabinete una perorata discursiva, una retórica económica donde se exponen como cartas extraídas debajo de una manga sus cifras del crecimiento macroeconómico en la economía dominicana; la economía que más crece! La economía más próspera.        

Dentro de esa lógica al Mesías de las estadísticas se le escapa que este es el país con peores indicadores humanos en la región: violencia de género, muerte materna infantil, adolescentes embarazadas, tasa de feminicidios, accidentes de tránsito y vocación a la migración. El dominicano vive de azar, procura sacarse el loto para resolver su situación o ajumarse para olvidarla. Es una economía donde se pagan los peores salarios de la región, la gente vive sobregirada y con una vocación al endeudamiento insospechada.

Así como quienes dirigen el país han hipotecado la economía nacional, el erario con la toma continua de créditos, bonos soberanos y otras formas de deuda. También los dominicanos recurren al préstamo informal, al usurero con la finalidad de mitigar o resarcir las insuficiencias de unos ingresos magros.   

 De forma cíclica estamos expuestos a las cifras o al juego de cifras del Mago de Oz que dirige el Banco Central, cada cierto tiempo y según esté la efervescencia social, el gobernador de la entidad financiera estatal, la rectora de las políticas económicas y monetarias del país recurre a su mantra y presenta sus datos económicos. Es la época de la post verdad y como en los tiempos de la Magna Grecia unos sofistas recurrían a la retórica para con un discurso cínico basado en falacias y sofismas pretenden hacer creer como verdad lo que en la realidad constituye una evidente mentira. Este apóstol de las cifras económicas cuenta con un conjunto de lacayos y bocinas que reproducen hasta la saciedad y el hastío social Las bondades de la economía Dominicana.

Esa post verdad no tiene sustento ético y ciudadano, es una retórica engañosa, un sofisma, una retahíla de falacias numéricas, las cuales no se expresan en la calidad de vida de la población, en indicadores de prosperidad, desarrollo humano y  bienestar social.

Según Joseph Stiglitz los modelos de economía neoliberal sólo han contribuido a generar desigualdad e incrementar la brecha entre ricos y pobres, en la privatización de servicios y en la desregulación de la economía. Un país con bajo ingreso per cápita de su población y con servicios sociales públicos deficientes contribuye al crecimiento de las franjas de población en condiciones de marginalidad y pobreza; sólo el discurso de la post verdad aparece como fórmula mágica, como la panacea de los conflictos sociales y las carencias de la población.

Es muy evidente y no recogido por el bocinazgo gubernamental que lo más ostensible en la sociedad dominicana es: el crecimiento de la delincuencia y la descomposición social; avanza la inseguridad ciudadana, progresa como nunca la impunidad; crecimiento de las bancas de apuestas y las máquinas tragamonedas, la corrupción ha sido un mecanismo de acumulación de capitales para quienes han detentado el poder en las últimos veinte años, la descomposición en el aparato judicial incrementa el quitado de Visas norteamericanas para altos funcionarios designados y elegidos, también ha crecido el cobro de peaje por parte de la policía. Se incrementa el endeudamiento externo, pero las exportaciones que son la base para una economía sana hace tiempo que están estancadas.

La educación y la salud no mejoran no obstante los continuos anuncios del Gobierno; la publicidad sí que ha crecido, la DIAPE todos los días diseña estrategias de comunicación gubernamental, esto encaja en la construcción de la post verdad, se gasta más en decir lo hecho que lo que se hizo aparenta la forma de decir como la panacea o solución y en ese marco han establecido un monopolio en las comunicaciones y medios no se tolera la disidencia y la crítica.

Todo debe encajar dentro de los esquemas y patrones gubernamentales, los periodistas o comunicadores independientes se autocensuran o se colocan una mordaza, el poder o la arrogancia de quienes gobiernan está dispuesto a todo: censurar, callar, aislar, estigmatizar. Controlar, por suerte que las redes sociales han democratizado la comunicación y se pueden poner en evidencia los desmanes y comportamientos non santos que se exhiben desde el poder. No obstante los esfuerzos de construir una post verdad con cimientos de barro, la sociedad dominicana está despertando del letargo social y más tarde que temprano procurar justicia y el ejercicio de una función pública apegada a patrones éticos y morales.

El autor es Dr. en Educación.



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