16 Diciembre 2018 6:05 AM

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De nuestra lengua fáunica y vegetariana

Domingo Caba Ramos

Domingo Caba Ramos

Domingo Caba Ramos | ACTUALIZADO 09.08.2018 - 6:24 pm

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Pienso que a pesar de lo mucho que en la República Dominicana  hemos avanzado en el orden material, científico y tecnológico, nuestro país continúa siendo una aldea.
   
Pienso que a pesar del Metro, la red de internet,  las imponentes torres arquitectónicas,  la exorbitante cantidad de publicaciones periódicas y canales de televisión, de ser el nuestro uno de los países de América con más universidades y el primero en usar teléfonos celulares (1987), la conducta y creencias  del dominicano promedio están matizadas por visibles rasgos aldeanos.
   
Pienso, finalmente, que hasta el más desarrollado de nuestros grandes centros urbanos, bien podríamos considerarlo, con las palabras de  don Héctor Inchaustegui Cabral, como una “Ciudad Rural”. Talvez sea esta una de las principales razones que conducen a los hablantes dominicanos a denominar su realidad  valiéndose de comparaciones  mediante el uso de imágenes, símiles y metáforas lexicalizadas que aluden al mundo animal y vegetal.
  
A muchas de esas construcciones comparativas, vale confesarlo, no les encontramos explicación o coherencia lógica desde el punto de vista semántico; pero independientemente de esto, lo cierto es que tales formas expresivas  forman parte de nuestro repertorio lingüístico, razón por la cual los dominicoparlantes, sin exceptuar niveles socioculturales, las utilizamos en nuestra diaria conversación. El español dominicano lo describimos en tal virtud como lengua fáunica, zoológica, botánica o vegetariana. Algunos ejemplos valdrían a modo de ilustración.
   
Una acción ejecutada con celeridad o prontitud es, en nuestro país, un acto realizado “en lo que dicen berenjena”  (Y a propósito de berenjena, resulta extraño y un tanto curioso que esta palabra, formada por cuatro sílabas, sea empleada como símbolo de rapidez, a sabiendas de que existen otras que por estar constituidas por una o dos sílabas se pronuncian mucho más rápido).
   
_« Ya no te quiero, por tanto, me importa un “pepino” lo que hagas con tu vida…»… - le dice Andrómeda a su esposo Bernabé. (Igualmente ignoro por qué siempre tiene que ser un pepino lo que nunca importa, y no un melón, un limón, un tomate, etc.)
   
Incurrir en sacrificios en pos de la supervivencia es lo mismo que guayar la “yuca”. Ser dichoso es nacer como la “auyama” Una mujer bella y elegante es un “tronco” de hembra. Sorprender en una acción a quien procede en forma inadvertida es atraparlo asando “batata”. Molestarse o ser afectado por un sentimiento de intensa ira es ponerse como un “ají”  o rojo como un “tomate”. Desplomarse al suelo de repente es caerse como una “guanábana”.
   
El más antiguo miembro de una institución, más que un ser humano es un viejo “roble”. Del anciano que luce fuerte y vigoroso se dirá que está como un “campeche”, en tanto que se denominará “ñame” a todo ser racional que en su comportamiento muestre signos de torpeza y brutalidad. (Tampoco entiendo por qué se insiste en presentar a nuestro jugoso ñame tropical como símbolo de torpeza y falta de inteligencia)  
   
Contestarle firmemente a alguien, destacando las  razones y  verdades que este no desearía escuchar es, sencillamente, mandarlo a freír “tuzas”. Enfrentar un problema en forma superficial equivale a  tratarlo por la “rama”.  Y para resaltar la imposibilidad de superar el problema de conducta no corregido en la infancia, el botánico refrán no se  hace esperar: “Árbol que nace torcido jamás sus ramas  endereza”.                                                                                          
   
Cuando se encuentre en círculos de amigos, sin importar, vale reiterarlo, la clase social a que pertenezcan, preste mucha atención a las intervenciones de cada uno y posiblemente escuchará expresiones como las siguientes:

a)    -“¡Diablo, qué ‘vaina’…! mientras los funcionarios están en las ‘papas’, el pueblo sigue guayando la ‘yuca…’”

b)    -“Al senador Winston Guerrero se le ha puesto la ‘piña’ agria. Están pagando diez millones por su cabeza y un general acaba de demandarlo por difamación. La verdad es que ese tipo no es ‘manguito’ ni mucho menos un ‘maíz’: para echarle la ‘cuaba’  o acusar al gobernador, al fiscal y al comandante de la policía de Baní de proteger a los narcotraficantes en esta zona, hay que ser muy valiente. Los acusados no son chivitos  jarto e ‘jobos’ ”…

c)    -“No me desprecies y olvides que de cualquier ‘yagua’ vieja sale tremendo alacrán”

d)    -“Pensé – dice Rufo, el Bichán – que la novia de mi amigo Eustaquio era otra cosa; pero es un ‘fleco’ viejo y con unos ‘calabazos’…”

Y para indicar que una realidad, aunque desafortunada tenemos que aceptarla, la frase  utilizada no podía ser menos vegetariana y folklórica:

 “El ‘tabaco’ es fuerte, pero hay que fumárselo…”



1 comentario(s)


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    Pedro Mendoza

    10.08.2018 - 6:47 am

    Por suerte que el lingüista, Caba Ramos,tiene la gentileza, frecuentemente, de provocar que prestemos atención a los asuntos útiles del idioma y no tanto a las tonterías políticas. Creo que vale la pena agregar a lo dicho por el prof. Caba Ramos algunas más como: Puerco no se rasca en jabilla; pero no podría ser otro palo u otro animal? Así como me ves, yo no soy un maíz; te creíste que yo soy un mango;a otro perro con ese hueso; chúpate ese cajuil; se quedó como el perico; y el dicho de mayor discriminación y desprecio racial que es exclusivamente usado por el dominicano: el negro es comía e puerco.


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