16 Diciembre 2018 10:44 AM

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El embarazo no es una enfermedad

Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara | ACTUALIZADO 08.08.2018 - 7:24 pm

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Nos encontramos en una sociedad que busca darle soluciones simples a problemas complejos. En un mundo donde en vez de atacar las causas optan mejor por resolver las consecuencias. De igual modo, vivimos en un tiempo en el que es mejor solucionar las cosas con dinero que asumir la responsabilidad de los hechos con criterios racionales. Esto significa que estamos sumergidos en un contexto histórico donde el pensamiento light, líquido y superfluo es la motivación de muchos para seguir viviendo.  
   
Esto es precisamente lo que ha pasado con el tema del embarazo, especialmente en las adolescentes. Pues, en la actualidad existe una preocupación mayor por lograr que las mujeres aborten, que centrar su interés en tener a sus bebés; hay una lucha por hacer notar que la mujer tiene derecho sobre su cuerpo, que por reconocer que Dios les ha concedido el don de ser madre. Es decir, el modo de pensar de la colectividad, da la impresión de que el embarazo es una enfermedad, un virus y una epidemia que puede matar a cualquier mujer. Entonces, como no se puede dejar que la mujer muera, hay que acabar con eso que lleva dentro para garantizar su salud y su bienestar físico y emocional.
   
En el fondo, si nos darnos cuenta, el mundo está lidiando para proteger la economía mundial a costa de la comodidad, del entrenamiento, del sostenimiento de los caprichos personales y sobre todo, salvaguardando el libertinaje moderno, pero sacrificando la vida, la dignidad humana y los valores tradicionales. Por eso se cambió la regla de juego para no asumir compromisos, para evitar debates democráticos. En fin, se prefirió crear leyes sin principios, sin fundamentos científicos y sin coherencia natural, que enfrentar la crítica social, tener un diálogo comunitario para escuchar la opinión y los argumentos de diferentes posturas sobre un mismo tema.
   
Esta es la razón por la que no es de extrañar que una mujer embarazada ya no represente el ideal, que no se valore como los siglos anteriores su maternidad, porque son tantas las ofertas que le proporciona el mundo liberal a ellas, que existen, aparentemente otras prioridades más importante que permitir la llegada de otro ser al este mundo. De ahí que la estética, la belleza y el placer desencarnado sean considerados prioridad ante el hecho mismo de permitir que nazca un nuevo niño en el planeta tierra. Y para garantizar esto, se ha creído que violando el orden establecido de la naturaleza y creando leyes humanas, se gana un individuo más “feliz”.
   
Esta generación juega con el autoengaño, con la superficialidad y con la autoridad de Dios. Se ha empeñado tanto en proponer el aborto como solución democrática, que se ha olvidado que si todas las mujeres decidieran abortar, la humanidad se terminaría en menos de cien años, y la vida humana llegaría a su final. Por tanto, vivir en el siglo XXI no es ser moderno si dejamos el valor de la vida a un lado, sería un retroceso a la especie humana.
 
 


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