19 Julio 2018 10:54 AM

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La transmisión de la fe

Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón | ACTUALIZADO 12.07.2018 - 7:19 pm

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El Plan de Pastoral en su itinerario de evangelización nos invita a vivir, en el mes de julio, un valor fundamental: “La transmisión de la fe”. ¿Cómo se recibe la fe? Se recibe en el sacramento del bautismo. Esta recepción bautismal nos da el Espíritu Santo, que nos hace hijos de Dios en Cristo. “El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu” (Jn 3, 5b-6).
   
Para que la fe crezca es necesario se renueve en la oración personal y comunitaria. Es imprescindible un verdadero encuentro con el Dios de la misericordia. Amar al Hijo, confiar en Él, y dejarse guiar por el Espíritu Santo. Llamados a transmitir lo que hemos recibido del Señor (Cf 1 Cor 11,23).
   
El Catecismo de la iglesia Católica nos recordará, que solo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre.
  
La fe es ese tesoro que llevamos dentro. Nos abre caminos de amor y de esperanza, destellos de luz capaz de iluminar las realidades más oscuras que nos presenta la vida.
   
La encíclica del papa Francisco, Lumen Fidei, nos viene a decir que la característica  propia de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia, pues una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos, tiene que venir, en definitiva, de Dios.
    
A pesar de los avances de la ciencia, se percibe pobreza humana, permanecen todavía muchas formas de explotación, de manipulación, de violencia, de opresión, de injusticia. Se suma a lo anterior a creer solo lo que se puede ver y tocar. Se idolatra al dios dinero, porque puedo verlo y tacarlo.
   
Cuando falta la fe en Dios, entonces el ser humano pondrá su corazón en él mismo y en las realidades materiales. Su mirada no se dirige al cielo sino en la tierra. No importa el hermano, sino en cuanto me es útil para mis propósitos materiales y económicos.
   
Abramos el corazón al Señor, que sea Él mismo, quien nos ayude a trillar los caminos de la fe, del amor y de la justicia.

El autor es, Juez del Tribunal Eclesiástico.



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