19 Julio 2018 10:51 AM

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Las tres causales

Josefina Almánzar

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Josefina Almánzar | ACTUALIZADO 12.07.2018 - 7:09 pm

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“Cada vez que alguien dice que está en contra porque está con la vida nos excluye a todos. No permitamos que nos roben la palabra vida. Estamos a favor de la vida también”. (Claudia Piñeiro. Escritora y periodista Argentina).

Comenzar a hablar del tema de la interrupción del embarazo  da escalofríos. Es un tema amargo, triste, lamentable, pero real y en la mayoría de los casos muy mal manejado. Es un tema que como a muchos otros se le da la categoría de tabú, sin embargo, es pan nuestro de cada día y sobre todo un tema de salud que está matando a muchas niñas, adolescentes y mujeres.
   
La interrupción del embarazo ha sido y es un problema con graves consecuencias sociales ya que en el afluye todo un abanico de factores económico, jurídico, político, de salud,  pero sobre todo cultural y religioso. Siendo esta ultima parte la que más atrasos e inconvenientes ha causado para la protección y la garantía por parte del Estado dominicano en lo que son los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.
   
Cuando un Estado Constitucional de Derechos es responsable, coherente con los compromisos que asume tanto en su Carta Magna, como en los Tratados Internacionales que acuerda, ratifica y firma está obligado a proteger y garantizar los derechos de todos y todas dentro de un marco de igualdad y equidad. Y así lo establece nuestra Constitución en sus artículos 7 y 39, principalmente en sus numerales 3,4 y 5.
    
Otros instrumentos internacionales como son: La Declaración Universal de los Derechos Humanos, El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, La Conferencia Internacional de Población y Desarrollo, La Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing), la Revisión del documento del Cairo, Cairo +5, el documento final de Beijing +5, por mencionar algunos. De estos tratados también somos signatarios, los mimos  han buscado una salida armónica y real a la situación de la interrupción del embarazo, no una salida penalizadora sin miramientos y sin condiciones. Y claro también está el derecho natural que tiene la mujer a elegir ser canal, ser vehículo o no para traer a una criatura a formar parte del planeta.
    
Ninguna mujer por sí desea pasar por la experiencia tan desagradable y traumática como es la interrupción de su embarazo pero, qué pasaría si esa  niña, adolescente, mujer: 1. : es víctima de una violación y del producto de la misma queda embarazada. 2.- Si es víctima de un incesto. Entiéndase el incesto como una violación por parte de su padre. 3.- Si su vida peligra durante ese proceso de  embarazo.  Según la propuesta del Código Penal, esa mujer, además de su trauma físico, emocional, mental y espiritual sería castigada con una prisión mayor de cuatro a diez años y los médicos, cirujanos, parteras, enfermeras, farmacéuticos y otros profesionales incurrirían en la pena de prisión mayor de cinco a veinte años si decide interrumpir su embarazo.  ¿Qué le parece?
   
De eso se tratan las tres causales, de salvar y proteger  la vida, la dignidad y la salud de las niñas, adolescentes y mujeres. Hacerlo de una manera responsable, de cara al sol, con el derecho asistido en nuestra Constitución, en los acuerdos y tratados internacionales.
   
Insistimos en que la función de un Estado real de Derechos es servir de garante a los derechos de todos y de todas. Por el derecho constitucional e internacional que me asiste y como una gloriosa hija de Dios, de un Dios  en cuyo reino impera el amor, la justicia, la igualdad, la  equidad, caminaré este domingo 15 de julio hacia el Congreso Nacional. Desde esa tribuna reclamaré a ese poder que tiene también como función constitucional representar los intereses y necesidades de toda la ciudadanía, la aprobación de la interrupción del embarazo en las tres causales. Por la vida, la dignidad y la salud de las niñas, adolescentes y de las mujeres.

 Email; josefina_ag@hotmail.com
La autora es abogada y docente universitaria.
 
 
 
 


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