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El peligro de las riquezas

Ramón Enrique Marmolejos

Ramón Enrique Marmolejos

Ramón Enrique Marmolejos | ACTUALIZADO 11.07.2018 - 6:18 pm

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“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.” (Jeremías 9:23 – 24)
  
Hoy queremos acercarnos a tu mente y corazón para que Dios te guíe, te enseñe y amoneste acerca de las riquezas. En la Sagrada Escritura encontramos hombres como Job, un hombre sumamente rico: “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y le nacieron siete hijos y tres hijas. Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel varón más grande que todos los orientales.” (Job 1:1 – 3)

Este hombre, como enseña Dios en su palabra, se identificaba con 3 cosas que le ayudaban a poner y hacer de su riqueza un instrumento para la gloria de Dios. Él era perfecto y recto y sobre todo, temeroso de Dios, apartado del mal. Pero a pesar de tantas riquezas que el poseía su vista estaban puesta en Dios, por eso él podía decir éstas palabras: “Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo;  Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios;  Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.” (Job 19:25 – 27)

Otro ejemplo de un hombre temeroso de Dios y lleno de sabiduría fue el Rey Salomón; como nos enseña la Sagrada Escritura: “Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era apreciada. Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con la flota de Hiram. Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales.  Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría. Toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón.” (1 Reyes 10:21 – 24)

Pero a pesar de tan enorme riqueza y sabiduría este hombre sabía muy bien que jamás debía poner su confianza en las riquezas; por eso cuando oró a Dios al ser colocado como Rey, no le pidió riquezas a Dios, sino que buscó diligentemente el rostro de Dios para gobernar y dijo: “Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?” (1 Reyes 3:9) Salomón también dijo: “El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.” (Eclesiastés 12:13-14)

Amigo(a) Dios no quiere que tú tengas un corazón dividido, oye lo que Él te dice y enseña, ya que debemos oír su palabra y obedecerla: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.” (1 Timoteo 6:17 – 19)

Las riquezas deben estar al servicio del bien común de la nación, y cuando no es así, el dueño del oro y la plata te exhorta a que te detengas, y hagas un alto en tu vida y reflexiones sobre lo que él te enseña: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros.  He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.  Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.” (Santiago 5:1 – 6)

Las riquezas Dios nos enseña que en sí mismo no son malas cuando se les da un correcto uso, es por ello que él no quiere hayan corazones divididos: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6:24)
   
Amigo(a) que lees este artículo, busca el rostro de Dios con sinceridad y él te guiará correctamente, para que en aquél día cuando tú partas de este mundo, puedas estar delante de su Santa Presencia con un corazón limpio en la sangre de Cristo y una conciencia libre de culpa.

-Todas estas citas Bíblicas las encontrará en la Biblia Reina Valera 1960-



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