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¡Obispos!

Hna. Alicia Galíndez

Hna. Alicia Galíndez

Hna. Alicia Galíndez | ACTUALIZADO 09.07.2018 - 7:50 pm

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Nuevamente nuestros hermanos obispos se reúnen para celebrar la reunión ordinaria de la Conferencia del Episcopado dominicano, la número 56. Se juntaron para orar, reflexionar, compartir, dialogar y evaluar la realidad nacional en todos los ámbitos, de modo especial para discernir juntos antes de dar respuestas pastorales a las situaciones que estamos viviendo como personas  y como sociedad, además, para seguir animando a los católicos en este año de la Eucaristía y en el camino del III Plan de Pastoral, que llevamos adelante como Iglesia que peregrina en la República Dominicana, que nos cohesiona y crea comunión entre todos.
   
Independientemente de si somos católicos o no deberíamos darle las gracias a  nuestros obispos, por preocuparse de nosotros de manera desinteresada, porque no andan buscando votos, ya que no depende de elecciones para ser obispos, tampoco dinero, ya que no le mantenemos con nuestros impuestos ni tampoco les damos un salario por sus múltiples servicios y menos andan buscando un cargo porque ya han sido elegidos por el Papa,  para ser pastores y guías de nuestra Iglesia misionera y servidora.
  
Ellos han nacido aquí, conocen de qué barro estamos hechos, se preocupan e interesan para que tengamos una mejor calidad de vida, para que vivamos en paz con justicia, tolerancia, en respeto de los valores fundamentales en especial de la vida humana desde su concepción y hasta el último instante de ella. Nos defienden y alzan su voz para que se proteja la salud de todos en especial de los más necesitados, exigiendo que tengamos igualdad de oportunidades para trabajar, estudiar, crear un negocio propio, organizarnos, tener una vivienda digna, vivir con seguridad y que no se asesinen a nuestras mujeres, niños, adolescentes, jóvenes. Que las madres no tengan que llorar por las muertes de sus hijos y que la gente no tenga que correr a esconderse porque la inseguridad y la delincuencia se están comiendo nuestra alegría de vivir, celebrar, compartir, salir a las calles y disfrutar de las bellezas naturales de nuestro país, e incluso ha bajado el flujo de turistas y ha aumentado el número de dominicanos que se van del país.
   
¡Qué alegría! es tener unos hermanos que se ocupen de nosotros, que se unan y se hagan uno con nuestro dolor y sufrimiento, a quienes les importamos simplemente porque somos hermanos, hijos de un mismo Padre, nuestro Dios, unidos en la comunión de la Iglesia con la vocación común a la santidad recibida en el bautismo y confirmada en los demás sacramentos.

Este es un año muy especial para República Dominicana, porque agradecemos a Dios su presencia en nuestro Continente Latinoamericano, sobre todo porque la evangelización inició en estas tierras, la primera Eucaristía se celebró hace 525 años en nuestro suelo y desde aquí ha corrido por el Continente. Sigamos trabajando unidos a nuestros obispos y en comunión con toda la Iglesia, ofreciendo lo mejor que tenemos para hacer de las comunidades y de la sociedad, lugares donde todos podamos vivir y convivir sanamente y en paz, sin corrupción y sin impunidad.
 
 


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