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¿Fueron los cielos abiertos, lo podemos abrir o están cerrados? ¿usted qué cree?

Maricela Ortiz

Maricela Ortiz

Maricela Ortiz | ACTUALIZADO 09.07.2018 - 7:49 pm

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“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Mateo 3:16-17
   
El bautizo de Jesús fue toda una celebridad, especialmente por la intención de salvación divina que conllevaba. Todos los que allí estaban espetaron el reconocimiento de Dios al presentar a Jesús como Su Hijo amado. Este hecho dio lugar a un comienzo tanto, para el ministerio de Jesús, como para la herencia de los santificados. Tan glorioso y verás fue el mismo, que podemos ver la representación de la Trinidad: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
   
Los cielos abiertos tiene que ver con realidades espirituales, es decir, revelaciones sobrenaturales, donde Dios por medio de Su Espíritu habla y revela su propósito eterno. En el A.T. eran misterios sin revelar, pero ahora en Cristo nos son revelados.
   
Vamos a ver algunos ejemplos del A.T.: Jacob tuvo una realidad espiritual en un sueño, que revelaba a Jesucristo como el único mediador entre Dios y los hombres: “Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.” Génesis 28:12-13
   
Junto a sus discípulos, Jesús se anticipó a Natanael: “Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.” Juan 1:51
   
Noé pudo ver todas las fuentes del grande abismo y las cataratas de los cielos, esto fue una experiencia extraordinaria de una manifestación gloriosa de Dios. Como resultado a ese acontecimiento contamos con lo que dio origen al sistema hidrológico de la tierra. “El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.” Génesis 7:11-12
  
Esteban, al momento de ser apedreado oró y vio los cielos abiertos, es decir, tuvo una revelación sobrenatural, donde se le mostró a Jesucristo en su naturaleza divina: “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.” Hechos 7:55-56
   
Ezequiel vio visiones de la gloria divina y pudo ver que los cielos se abrieron y vio visiones, donde Dios le mostró lo que sucedería en los postreros días, referente al Espíritu Santo y su relación con el hombre. Estos hombres de Dios no pudieron ver el misterio revelado, que era Cristo.
   
Pedro, caminando con Jesús recibió de Dios de que, la iglesia iba ser edificada en Cristo: “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”  El apóstol Juan estaba en el Espíritu cuando Dios le reveló a Apocalipsis (Apocalipsis 1:10) y vio puertas abiertas en el cielo (Ap. 4:1), y el cielo abierto (Ap. 19:11).
   
Tenemos que entender que los cielos fueron abiertos y que caminamos bajo esa gracia, por tal motivo, tenemos acceso ante el trono de la gloria, lo que nos permite estar completos en Cristo, porque de su plenitud tomamos todos, gracia sobre gracia.  Entendiendo esto, es más que motivo para ser generosos en el diezmo (ahora en la gracia) y las ofrendas. Los entendidos obedecen, por tanto, reciben la recompensa de obediencia.  
   
Cuando somos guiados por el Espíritu Santo, y andamos en obediencia y tenemos una vida de oración (comunión con el Señor) caminamos bajo cielos abiertos, y es donde la Palabra revelada se nos abre y nos ilumina el entendimiento, para poder entender el misterio (Jesucristo) y los misterios revelados en las Escrituras, y de este modo poder discernir cuál es la voluntad de Dios agradable y perfecta.
   
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;  vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.” 2 Pedro 1:3-7
 
 


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