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¿Dónde habita la felicidad?

Miuris (Nurys) Rivas

Miuris (Nurys) Rivas

Miuris (Nurys) Rivas | ACTUALIZADO 09.07.2018 - 7:46 pm

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La felicidad es circunstancial, va y viene, toca unas puertas y pasa de largo frente a otras, sin tal vez, es doloroso saber que hay quienes ni la conocen, ni serán rozados por ella.
   
Es veleidosa y frágil, se aleja en un instante y en un instante se rompe dejando desolado a quien llegó a creerse dueño/a del mundo.
   
La felicidad es un espejismo, un rayo de luna que puede cualquier noche, sucumbir entre oleajes.
   
¿Podría decirse que es una utopía? Es posible que así sea, que se confunda con la resignación, o un egoísmo tan grande que puede llegar a cegar.
   
¿Que nos da la constancia de que somos felices? A veces nos mentimos a nosotros mismos y confundidos entre mínimas gratificaciones, pensamos que somos felices, sin embargo, tan quebradizo es ese estado, que se esfuma como pompas de jabón tocadas por el sol.
  
No la persigamos, seamos receptivos y vivamos, eso sí, sin conformarnos miserablemente con situaciones que nos dañan, debemos siempre tratar de mejorar esas condiciones de vida que nos hacen desdichados, pero sin que en nuestra mente se fije la idea de una felicidad que, como tal definida por la mayoría, tal vez nunca apresemos para nosotros.-
   
Ella es como una visión fugaz cuya captura puede desquiciar y lo más saludable que podemos implementar es alcanzar un grado de satisfacción existencial de una manera digamos menos tangible, pero más intensa, menos material y más subliminal.
   
Los eternos consejeros sobre buenas vibraciones, sugieren fijarse cosas como la belleza de la puesta del sol, el vuelo de las gaviotas junto al mar, tomando en cuenta las actuales circunstancias que rodean al mundo, es difícil dedicarnos a pensar en tan etéreas esperanzas, sin embargo, quizá sea conveniente seguir sus consejos, aunque personalmente yo volaría si pudiera, ello me haría sentir libre de las cadenas invisibles, con que los sistemas de gobierno y otros poderes absolutos, nos encadenan, ello podría considerarse como una forma de felicidad.




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