15 Noviembre 2018 3:47 PM

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Danilo de los Santos, una obra literaria y pictórica trascendental

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto | ACTUALIZADO 08.07.2018 - 5:03 pm

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“ La pintura es una poesía muda y la poesía una pintura ciega, y una y otra van imitando la naturaleza en cuanto les sea posible«. Leonardo Da Vinci.
   
Aquella tarde en la Mediateca del Centro León algo extraño advertí durante la puesta en circulación del poemario: Versos de manus, una especie de autorretrato poético en la que el autor va pintando y mientras escribe va explicando los elementos frutos de su producción literaria, al estilo del pintor español, Pablo Picasso y la pintora mexicana, Frida Kahlo.
    
Permanecí sentado observando interesado aquel rostro envuelto en un misterio, como aquel afamado pintor español llamado El Bosco, autor de una extraordinaria obra, El jardín de las delicias, fruto de sus fantasías y de su gran capacidad escénica a quien el historiador del arte y ensayista alemán, Erwin Panofsky, profesor en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton, Estados Unidos, llamó el artista «lejano e inaccesible«.
    
Mientras el artista exponía su obra poética y hacia la descripción de su libro, luego de una amplia presentación que nos llevó, quizás sin propónselo el presentador del libro, Fernando  Peña, a una extensa, no obstante, interesante exposición, pude notar que Danilo de los Santos, con su conciencia tranquila, veíase rodeado de ángeles que intentaban darle un mensaje interesante de alegría y de paz a su vida.
    
Nadie más notó esta especie de alucinación. Y de ninguna manera se podía asociar aquella experiencia perceptiva a un estado de locura, más bien podría vincularse a falta de sueño.
    
Danilo de los Santos habló sobre Versos de manus con una fluidez y un elevado didactismo que me pareció como cuando me puse a leer La tercera dimensión del espejo, un ensayo sobre la mirada renacentista, de Juan Bosco Diaz-Urmeneta Muñoz, en la que el autor expresa que las imágenes sensibles están en los sentidos y en el espejo.
    
En aquella meditación visualicé a Danilo sentado plácidamente en aquel diván junto a Piero Espínal y a José de Laura, dentro de una división entre el ámbito de los cuerpos  que les circundaban y la inteligencia humana libre que él exhibía.
    
Me atrevería expresar, que en aquellas apariciones de ángeles vestidos de blanco rodeando al eminente poeta y pintor dominicano Danilo de los Santos, recordé al filósofo florentino, Marsilio Ficino, queriendo conocer a Dios, pero sabía que esto se logra a través de una purificación interior característica de la moral estoica o impasible.
    
Me pregunto si Versos de manus, la última obra poética de Danilo de los Santos le permitió al artista de la plástica y escritor ver a través de este libro una especie de manual de ética o sea, de filosofía divina. Creo que Danilo quiso hacer de esta magnífica obra literaria aquel poema de Borges llamado Despedida, en el cual el escritor argentino se marchó de este universo diciéndonos:
    
«No habrá sino recuerdos/Oh tardes merecidas por la pena/noches  esperanzadas de mirarte/campos de mi camino, firmamento que estoy viendo y perdiendo/Definitiva como un mármol entristecerá tu ausencia otras tardes. Paz a su alma generosa.
 
 
 
 
 
 
 


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