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¿Podría producirse un repunte de la sífilis?

Pedro Mendoza

Pedro Mendoza

Pedro Mendoza | ACTUALIZADO 08.07.2018 - 5:00 pm

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La sífilis fue la enfermedad que a partir del siglo 16 generó más controversia en el mundo político, cultural e histórico hasta los inicios del siglo veinte. Como la enfermedad fue percibida como producto de la degeneración moral de aquellos que la contraían y no como  resultado del contagio de una infección transmisible, pues  atribuirla al pecado  la convirtió en una  especie de castigo divino de la misma manera como en los tiempos homéricos el paludismo fue atribuido a los malos aires que los dioses les hacían respirar a los desobedientes del dios Apolo.
  
 Fue ya finalizando el siglo 19, que finalmente se estableció que fue un error del cronista de la Conquista de América,   Fernández de Oviedo, decir que la sífilis fue una enfermedad que llevaron al continente europeo los primeros conquistadores del nuevo  continente descubierto por Colon, dejando dicho que ella existía en estas tierras americanas y que los conquistadores se contagiaron   al amancebarse con la mujer aborigen. Los estudios paleontológicos hace poco más de cien años establecieron claramente que la sífilis existía en Europa antes de que el hombre blanco pisara el gran continente americano.
   
Pero ¿por qué la sífilis alcanzó tanta notoriedad en Europa desde el siglo 16 hasta principios del siglo veinte? Pues junto a la tuberculosis y al alcoholismo al trío de  enfermedades, a partir del siglo 18,  le llamaban la “negra trinidad” dado que miles de europeos morían a causa del contagio tuberculoso y sifilítico, así como por causa de los efectos de la ingesta de bebidas espirituosas.
   
En aquella época, de la “negra trinidad”, la sífilis  fue la más temida ya que se había observado que era más común en aquellos hombres y mujeres que vivían con  promiscuidad sexual. Recuérdese que la promiscuidad sexual y la prostitución surgieron a los pocos días de que los seres humanos aparecieron sobre la tierra. Ahí estuvo la razón  de por qué de las tres enfermedades,  solo la sífilis se consideró una enfermedad moral pero que, curiosamente, lo mismo que la tuberculosis, la contraían ricos y pobres, hombres y mujeres,  monjes y apóstatas por igual; y eso, desesperaba y mantenía en vilo a la población  europea, a sus monarcas, a la nobleza y a los líderes religiosos.
   
Aunque ya en el 1885, Pasteur había demostrado que la tuberculosis era una enfermedad causada por un microbio, aún era una dolencia para la cual no existía tratamiento, sin embargo,  casi el 40% de los infectados se curaba espontáneamente. Pero lo mismo no sucedía con la sífilis la cual tenía como agravante que muchos enfermos que la contraían mostraban síntomas de locura y problemas neurológicos antes de la muerte. Y aunque miles de alcohólicos también morían con demencia alcohólica, no causaban tanto rechazo de la gente puesto que no eran visibles en ellos las llagas y úlceras que provocaba la sífilis. (Estas llagas o úlceras que salen en los genitales, en la boca, la garganta, la lengua, palma de manos y planta de pies o  en la piel de los sifilíticos, hoy las llamamos pápulas o  chancro duro). Era incurable a pesar de que los médicos y  la población  probaron cientos de posibles tratamientos de todo género.

Previo a la culminación del siglo del siglo 19,  los médicos y los químicos ya sabían que era una infección  y ensayaban una posible cura para la sífilis. Despuntando el alba el siglo 20, un joven, trabajador y brillante médico alemán, Paul Erhlich, desde antes de graduarse ya ensayaba diversos productos coloreando pedacitos de tejidos  que obtenía de las úlceras de los sifilíticos. Así se dio cuenta que los pedacitos del tejido ulceroso del enfermo se teñían con el colorante que él  los coloreaba pero no así el tejido sano del mismo enfermo.
   
Aquella observación llevó al joven Paul a probar cientos de productos químicos contra la sífilis hasta que ¡por fin!, el 606, un producto hecho a base de arsénico  resultó más o menos efectivo contra la  mortal y difamadora enfermedad. Conocido como Salvarsán (también llamado la “bala mágica” porque mataba el microbio sifilítico pero no al enfermo),  el 606 como remedio, inicialmente generó mucha angustia en la población puesto que el arsénico es muy tóxico, pero, como dice el dicho dominicano: “Eso fue friendo y comiendo”. A pesar de la preocupación  hasta de los mismos médicos, el “606” se comenzó a usar en todo el mundo, impidiendo así que millares de personas siguieran muriendo como moscas. En la RD se popularizó su venta en las boticas a partir de la Ocupación Militar de Estados Unidos  en 1916 y se vendía con el nombre de “el 606 alemán”. Por su descubrimiento a Paul Erhlich se le otorgó el Premio Nobel de medicina en junio del 1908, hace exactamente 110 años.
   
Desgraciadamente, ni la sífilis ni la tuberculosis han desaparecido, al contrario la tuberculosis aunque es curable en más del 96% de casos, al estar ligada a la pobreza, todavía alrededor de dos millones  mueren a causa de ella y mantiene un repunte en el mundo. La incidencia de la sífilis a veces sube y otras veces baja, pero también está en un repunte causado por la imparable promiscuidad sexual (¡inocultable en nuestro país!). Del alcoholismo, mejor ni hablar, pues de las que formaban la “negra trinidad” en el siglo 18, se convirtió en la mortal pandemia del siglo 20 y 21. Millones de humanos mueren con demencia alcohólica, millones viven en manicomios y van al psiquiatra por alcoholismo, millones de familias desechas por el alcohol y millones mueren en accidentes de tránsito y asesinatos  provocados por el alcohol.   


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