22 Junio 2018 2:34 PM

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Vayan a las gentes de todas las naciones (Marcos 16, 15)

Edwin Paniagua

Edwin Paniagua

Edwin Paniagua | ACTUALIZADO 13.06.2018 - 6:15 pm

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El versículo que funge como título del presente artículo, se circunscribe al final del evangelio de san Marcos. En este fragmento, el autor sagrado narra los episodios subsiguientes a la Resurrección, que culminan la ascensión del Señor. De modo que, por un lado, están la piedra, el sepulcro, la madrugada y, por el otro, la Resurrección de Jesús, las distintas formas que tomó el Señor, la fe de las mujeres, la incredulidad de los apóstoles y el mandato del anuncio.
   
Galilea. Las mujeres, que vieron a Jesús en la cruz, lo buscaban en el sepulcro. Un joven les dice que lo encontrarán en Galilea (donde comenzó todo: la señal de que, en realidad, es Él). Parecerá increíble que, todavía en el año 2018, muchos cristianos buscamos, y disfrutamos, buscar a Jesús en la cruz o en el sepulcro. Muchos catequistas parecemos más inclinados a concebir a Dios como el autor de todos los males y no de todos los bienes. “Yo vine para que tengan vida y vida en abundancia” (Juan 10,10). Decía el papa Inocencio III que, viendo a san Francisco de Asís, en lugar del pecado o la maldad original, uno pensaba en la bondad original. No falta quien ve a un niño recién nacido como una criatura (en peligro de condenarse) y no como otra presencia de Dios. Lo ven lleno de la culpa de sus padres (por eso hay que bautizarlo) y no lleno de la Gracia del Señor. Repito, muchos cristianos seguimos buscando al Señor en la cruz y en el sepulcro, pero Él no está ahí. Lo primero que tenemos que cambiar es la mentalidad. El anuncio es sobre un Dios que nos ama, que nos cuida y que se opone a toda injusticia. Y que, obviamente, aborrece el mal. Dios es fuente de salud, no de enfermedad; de paz, no de angustia; de amor, no de dolor.
   
Aquí entra la madrugada. Nicodemo visitó a Jesús de noche. Él se aparece de madrugada. El tiempo de la oscuridad terminó. Él es el “Sol de justicia” anunciado por Malaquías. María Magdalena ya no es una mujer oscura, ahora ella irradia la luz del Señor, aunque no le crean.  Cambiar la mente implica pensar y vivir de una manera distinta. No solo no haciendo el mal, sino haciendo el bien. Decía el jesuita chileno, el padre Hurtado: “Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal, no hacer el bien”. Donde estemos, en nuestras acciones se debe reflejar la luz del Señor. Como esposos, como hijos, como padres, como empleados, como ciudadanos…
   
Se apareció bajo otro aspecto. Jesús aparece con otra forma, casi irreconocible. Estamos llamados como decía san Juan Pablo Segundo a evangelizar “con nuevos métodos, nuevo ardor y nueva expresión”. En mi muro de Facebook solo publico noticias positivas. Lo bueno, también, es noticia. Hay personas que cada vez que hablan es para comunicar informaciones negativas: un volcán en erupción, un nuevo feminicidio, un nuevo asalto, un nuevo caso de corrupción…, pero rara vez lo hacen para comunicar un cumpleaños, para dar gracias por los dones recibidos o para proponer soluciones a los problemas descritos. Eso es cambiar el modo de evangelizar. Por todos los medios.
A todas las naciones. Desde aquí es que surge el llamado a evangelizar todas las naciones. La Iglesia católica (que quiere decir ´universal´) está en, prácticamente, todas las naciones. Y con los medios digitales, hoy es más fácil que nunca. Es decir, nuestro llamado es a ser sembradores de la buena noticia, en todas partes y por todos los medios. Incluso donde ya ha habido evangelización. Y las naciones, hoy, no son solo los países, sino aquellas situaciones que necesitan la presencia del Señor.                                                                                                                 



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