16 Diciembre 2018 11:11 AM

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Señores, hay jóvenes violentos porque lo aprendieron en casa

Pedro Mendoza

Pedro Mendoza

Pedro Mendoza | ACTUALIZADO 15.04.2018 - 4:40 pm

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El doctor Konrad Lorenz, uno de los científicos más admirado por toda la humanidad, fue reconocido en 1973 con el Premio Nobel en Medicina. Era un zoólogo austríaco, sin embargo, llevó a cabo las más precisas y abundantes investigaciones que conocemos hoy sobre la conducta animal y humana. Después de estudiar el comportamiento de muchas especies de aves, lo que lo convirtió en el padre de la Etología, hizo sus mejores y detallados estudios sobre  la conducta de los gansos desde que salen del cascaron hasta convertirse en gansos adultos.
 
Lo que Lorenz demostró fue que los gansos tras romper el cascarón, sus cerebros inician un periodo de desarrollo que él llamó “período crítico”. Probó que cada periodo crítico es como una ventana de tiempo en la que determinados circuitos cerebrales quedan abiertos para recibir  información del medio ambiente y que una vez termina ese breve tiempo, la ventana se cierra. Cuando un gansito sale de su cascarón inicia de inmediato la vida fuera de dicho cascaron prestándole atención a la primera cosa que vea moverse delante de él, que generalmente es mamá ganso. Esa información queda registrada en su cerebro y es lo  que lo impulsa a seguirla a todas partes. Pero si cuando el gansito sale del cascaron lo primero que ve moverse frente a él es a una persona, no a mamá ganso, entonces esa persona, decía el doctor Lorenz, deja la “impronta” en el gansito y en vez de seguir a la madre, sigue a la persona, como sucedía cuando era el mismo Lorenz que se le ponía delante y  moviéndose en el mismo instante que el gansito  salía del cascarón. (En Biología llamamos “impronta” al proceso de aprendizaje de un animal o humano en las primeras etapas de la vida y que provoca en el animal una conducta estereotipada, es decir, la misma siempre).
   
Muchísimos pájaros según van creciendo tras salir del cascarón, tienen un periodo crítico un poco más largo y sucesivo,  y van aprendiendo a vocalizar su canto partiendo de la interacción social con otros pájaros de su misma especie. Así, el canto del gallo macho, comienza muy sencillo, de bajo tono y sin modulación hasta que lo va adaptando, progresivamente,  al complejo canto de un gallo adulto. Si el que llamamos “pollito quiquiriquí” no recibe esa ‘educación’ en el periodo crítico de los otros gallos machos, pues el pollito quiquiriquí nunca cantará como un gallo adulto. Por eso es, que en cuestión de gallos, no deberíamos decir que alguien “cantó como un gallo pero puso como una gallina”, sino que lo correcto sería decir que aquel gran señor “nunca aprendió a cantar como un gallo adulto y que por eso se quedó  en  pollito quiquiriquí”.
Las observaciones del doctor Lorenz sobre el patrón de comportamiento en los gansos y otras aves, fueron comprobadas  también por otros científicos que estudiaron a niños a los cuales  les dieron seguimiento desde el nacimiento a la adolescencia y en el periodo de posadolescencia hasta los 22 años.  Observaron que cuando el amiente familiar en que se cría un niño es malo, nocivo para éste,  aumenta considerablemente el riesgo de que ese niño se vuelva antisocial y violento (un delincuente) aun antes de llegar a los 12 años.

Los niños víctimas de abuso y de violencia hogareña, como son descuido por parte de los padres en proporcionarles atención y afectos (cariño), mandarlos a mendigar a las calles, golpearlos o castigarlos en proporción superior a la falta cometida o insultarlos y humillarlos en presencia de otros niños o de adultos, tendrán enorme dificultad en adaptarse al medio social y familiar y por tanto formarán parte del grupo de muchachos que todos llamamos “difíciles”.
   
Los estudios de grandes grupos de niños han probado que todas las influencias negativas y los maltratos físicos y psicológicos que reciben los niños en su ambiente hogareño, los prepara para una conducta antisocial en la adolescencia porque repiten el patrón de ser impulsivos y agresivos aprendido en casa ya sea de mamá, papá, padrastro o del abuelo y de los tíos.
   
Lo mismo que sucede en los gansos, si durante su etapa infantil el cerebro del niño recibe en el llamado “periodo crítico” la información en su medio ambiente (el hogar) del abuso, la violencia, la humillación que conlleva que su madre lo mande a mendigar a la calle, que el padre o el padrastro le insulte llamándole “hijo de puta” o “mariconazo”, pues solo un milagro evitaría que ese niño se convierta en un joven criminal e impulsivo contra las mujeres y toda la sociedad. De ahí que los padres tenemos la obligación de prodigarles a nuestros hijos protección, ternura y buen ejemplo.

El autor es Psicoterapeuta familiar
Centro Médico Cibao-Utesa







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