17 Julio 2018 3:31 PM

PortadaOpiniónColumnas

“Alégrense y regocíjense “

Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón | ACTUALIZADO 13.04.2018 - 6:45 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

Primera entrega

El pasado lunes 9, el Papa Francisco, ha hecho público, su tercera exhortación apostólica “Gaudete et Exsultate” (Alégrense y regocíjense). Es el quinto documento magisterial de su pontificado, el cual aborda el llamado a  la santidad en el mundo actual.

El Romano Pontífice, nos recuerda que los católicos pueden y deben aspirar a ser santos.
   
Los dos primeros párrafos, a modo de introducción, explican la cita bíblica Mt. 5,12, que da el nombre de la exhortación y muestran la intención del papa a la hora de redactarla. “Alégrense y regocíjense”, dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa.  Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. No pretende el vicario de Cristo un tratado sobre la santidad, sino que tiene como objetivo hacer resonar una  vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y  oportunidades. Porque a cada uno d nosotros el Señor nos eligió “para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor” (Ef 1,4).

Contiene cinco capítulos y 177 números. El primero se titula, el  llamado a la santidad.  Los santos que han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y de comunión. Hay personas que viven su santidad y están al lado de nosotros, en la puerta de al lado. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes.

Encontramos padres que crían con amor a sus hijos. Hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a la casa. Son reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión “la clase media de la santidad”. Ciertamente que en la noche más oscuras surgen lo mas grandes profetas y lo santos. El Señor llama. “Sed santos, porque yo soy santo” (Lv. 11,45; cf. 1 P1, 16).  El genio femenino también se manifiesta en estilos femeninos de santidad, indispensables para reflejar la santidad de Dios en este mundo. Tenemos el ejemplo de santa Catalina de Siena, santa Teresa de Ávila o santa Teresa de Lisieux. Hay tantas mujeres desconocidas y olvidadas quienes, cada una a su modo, han sostenido y transformado familias y comunidades con la potencia de su testimonio. “Antes de formarte en el vientre de tu madre, te elegí, antes de que nacieras del seno materno, te consagré” (Jr 1,5). Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Puedes ser santo desde el matrimonio, desde el lugar de trabajo, como legislador, juez, ministro, director, o presidente de un país.        

En la Iglesia, santa y compuesta por pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad. El Señor los ha llenado de dones con su palabra, los sacramentos, los santuarios, la vida de las comunidades, el testimonio de los santos. La voluntad de Dios es, que seamos santos (1Ts 4,3). Cada santo es una misión. La santidad no es sino la caridad plenamente vivida. Cuidemos de colocar en un pedestal a un cristiano que da señales de una vida santa. No son robles. Caen en errores. No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio. No todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar y valorar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, que refleje algo de Jesucristo. El que aspira a los bienes de arriba, no puede entender a Cristo sin el reino que él vino a traer, su propia misión es inseparable de la construcción de ese reino. No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Hemos de conjugar la contemplación de la acción, el ejercicio responsable y generoso de la propia misión.  Una tarea movida por la ansiedad, el orgullo y la necesidad de aparecer y dominar, ciertamente no será santificadora. Continuará.

El autor es juez del Tribunal Eclesiástico 


0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.