12 Diciembre 2018 11:46 PM

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La resurrección es el fundamento de la fe del cristiano

Juan Núñez Collado

Juan Núñez Collado

Juan Núñez Collado | ACTUALIZADO 13.04.2018 - 6:30 pm

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La resurrección de Cristo nos abrió un camino nuevo de esperanza.
   
A lo largo de la historia de la humanidad siempre ha preocupado al ser humano qué pasará al ser humano después de esta vida.
   
¿Es qué tenemos algo que buscar y esperar más allá de la tumba?
   
Algunos responden diciendo que nadie ha regresado a decirnos qué hay más allá de la tumba.
   
Para los que así piensan les recuerdo que hay una publicación hecha por un científico que estudió más de cien casos de personas que fueron declaradas clínicamente muertas y que volvieron a la vida después de un encuentro con un ser luminoso y diferente que identificaron con Jesús resucitado.
   
La mayoría de estas personas confesaron que le fue muy doloroso regresar a sus cuerpos y seguir viviendo como cualquier mortal, después de haber experimentado la presencia de Jesús resucitado.
   
Este libro se llama: “Vida Después de la Vida”.
   
Esta obra  sirvió de guión para una película que recoge magistralmente estos casos.
   
Pero el apóstol Pablo en su carta a los romanos nos da el fundamento teológico de nuestra fe en Cristo resucitado al tercer día, tal como él lo había anunciado.
   
Escuchemos al apóstol Pablo en su carta a los romanos Capt. 6 versos 3-10: “¿No saben que todos nosotros al ser bautizados en Cristo Jesús hemos sido sumergidos en su muerte? Por este bautismo en su muerte fuimos sepultados con Cristo y así como Cristo fue resucitado de entre los muertos para la gloria del Padre, así también nosotros empezamos una vida nueva. Si la comunión con su muerte nos injertó en él, también  compartiremos su resurrección”.
   
Pablo definió a Cristo como el más solidario cuando señaló: “En todo se hizo igual a nosotros menos en el pecado”.
   
En virtud de esta solidaridad  comparte también con los bautizados su triunfo sobre el pecado y la muerte y nos hace partícipes de su resurrección, que debe borrar de nuestras mentes todo el temor de caer en un vacío oscuro sobre el más allá glorioso que espera a todo el que lo sigue y trata de imitarle en su ejemplo de amor y desprendimiento por todos los seres humanos.
   
El apóstol Pablo va más lejos y nos dice: “Porque hemos muerto con Cristo debemos creer que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, desde ahora la muerte no tiene poder sobre él.
   
Asimismo ustedes deben considerarse a sí mismos muertos para el pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
   
La resurrección de Cristo nos reta permanentemente a buscar la verdad, la justicia y el amor como fundamento y base para la vida en sociedad.
   
Si los cristianos asumiéramos el compromiso de trabajar con tesón y perseverancia por la búsqueda del Bien Común para todos, no tendríamos tantos líderes políticos, religiosos y empresariales que se han desviado del camino de  la luz para andar por los derroteros tenebrosos de las tinieblas del caudillismo personalista y autoritario, que no quiere ceder a un nuevo relevo generacional que pueda transformar esta sociedad de salvaje en más humana.
   
¿Por qué decimos que estamos en una sociedad salvaje? Porque muchos de nuestros líderes políticos se rigen más por la ley de la selva, que consiste en haber acumulado una mayoría congresual para tratar de imponerse y de perpetuarse en el Poder en violación flagrante de nuestra Constitución que aprobó 2 períodos consecutivos y “nunca más”.
   
O respetamos nuestra Constitución o nos encaminamos por el caos de la falta de institucionalidad.
   
Todas las asociaciones intermedias de la sociedad, como los partidos políticos, las asociaciones sindicales, las asociaciones empresariales, las juntas de vecinos,  todos los clubes de servicios y todo el sector de la economía solidaria, que es el Cooperativismo, con casi dos millones de afiliados, tenemos que estar vigilantes frente a un intento grosero de unos 20 senadores que quieren imponer una ley de partidos con el mamotreto de primarias abiertas. Este es un proyecto de hijos de las tinieblas y no de la luz de la resurrección.
  
 Este es un proyecto de Viernes Santo y no de Domingo de Resurrección.
  
 La reelección es obra de la muerte de la democracia y sepulta al pueblo que es el único soberano.
  
 Asumamos el reto de no ser cómplices por omisión de los que usando el Poder para servirse y no para servir, se quieren perpetuar como un medio de auto-protección.
   
Recordemos que hay vida después de esta vida, gracias a la Resurrección de Cristo. Tratemos de vivir como hijos de la luz del resucitado y no bajo las sombras oscuras del Viernes Santo.


  



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