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La resurrección es el fundamento de la fe del cristiano

Juan Núñez Collado

Juan Núñez Collado

Juan Núñez Collado | ACTUALIZADO 06.04.2018 - 7:24 pm

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La resurrección no es un invento de nadie.  Es una realidad. El mismo Jesús, cuando le pidieron una señal de su divinidad, adujo como prueba su resurrección cuando les dijo a los escribas,   fariseos y autoridades  judías: “Destruyan este templo y lo reconstruiré en 3 días”. Jesús se refirió a su cuerpo de carne y huesos, no al templo físico de Jerusalén que se llevó unos 40 años en su construcción, según el historiador judío Flavio Josefo.
   
Por esta razón los escribas, fariseos y autoridades judías se escandalizaron y burlaron de Jesús al oír esta respuesta de Jesús de que en 3 días iba a reconstruir el templo.
   
En MT. 16 versus del 1-4: “Los fariseos y saduceos se acercaron a Jesús para ponerlo a prueba y le pidieron una señal milagrosa que viniera del Cielo. Jesús les contestó:  ¡Generación mala y adúltera, ustedes piden una señal, pero no tendrán otra que la de Jonás!”.  ¿Qué pasó con Jonás? Jonás fue un profeta quien fue enviado por Dios a predicar a la ciudad de Nínive su conversión, pero fue arrojado al mar y una ballena se lo tragó y  a los tres días lo vomitó en la orilla del mar frente a la ciudad de Nínive, donde cumplió su misión de decirles: “Antes de 40 días Nínive será destruida”.
   
Jesús tomó este hecho conocido por los escribas, fariseos y autoridades judías para anunciar la resurrección al tercer día de haber sido sepultado, según la costumbre judía, en un lugar que su discípulo oculto por temor a las autoridades judías cedió. Este cristiano oculto fue José de Arimatea, como lo narran los evangelistas.
   
Hasta aquí tenemos los argumentos bíblicos de la resurrección que dejaron constancia fehaciente de la tumba vacía. El Cristo histórico que nació en Belén, murió en la cruz y resucitó al tercer día es el único que se ha atrevido a anunciar su resurrección como señal de que no era un simple judío histórico sino que es la segunda persona de la Santísima Trinidad con la misión específica de redimir al hombre caído en las tinieblas del pecado que trajo como consecuencia la muerte, que con la resurrección de Cristo quedó vencida.
   
Por esta razón el apóstol Pablo le pregunta a la muerte: “¿Dónde está tu victoria? No hubo respuesta porque la muerte fue derrotada por la resurrección de Cristo.
   
Pablo va más lejos y dice: “Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe, vana nuestra religión, porque si todo terminara en el cementerio, seríamos los seres más miserables de toda la creación”. 1 Cor. 15 y siguientes.
   
Hoy más que nunca tenemos que renovar nuestra fe en el Cristo vivo y resucitado como la fuente más pura y limpia que nos debe inspirar a profundizar sus enseñanzas de vida y no de muerte.
   
La corrupción es un anti-valor que atenta contra el Bien Común, que es lo que debe inspirar a un buen líder político, religioso, empresarial, gremial o comunitario.
   
No se debe aspirar al Poder,  del orden que éste sea,  para buscar beneficios personales o grupales. Todo el accionar de una líder que se inspira en la vida de Cristo, debe ser el servicio desinteresado, ya que Jesús dijo: “Busquen primero mi reino y la justicia y todo lo demás se les dará por añadidura”.
   
La Pascua de Resurrección nos reta a todos a luchar contra una sub-cultura de anti-valores que antepone el Ser al Tener,  por cualquier camino torcido al margen de un esquema mínimo de ideas, principios y valores que nos deberían servir de luz para no extraviarnos, a pesar de los malos ejemplos y las grandes provocaciones de la tentación de lo fácil y el miedo al emprendimiento por el camino estrecho de la disciplina y el trabajo tesonero y honrado, por encima de todo.
   
La resurrección de Cristo nos demostró que es un Dios de vivos y no  de muertos.
   
La resurrección nos reta a todos a asumir un compromiso por un cambio de paradigma en el quehacer político, económico, empresarial, gremial y sindical,  que tenga como meta la búsqueda del Bien Común por encima de todo egoísmo personal.
   
La resurrección de Cristo nos reta a trabajar duro por vencer todas las malas prácticas que arropan a nuestra sociedad, donde se ha perdido el respeto por la vida de los ciudadanos con un sistema de transporte caótico, por un machismo que asume a la mujer como una propiedad y no como una compañera que es carne  de su carne y hueso de sus huesos. Este fenómeno del machismo es causa eficiente de tantos feminicidios.
   
Por una Administración Pública que viola olímpicamente la ley de Presupuesto y Gasto Público, invirtiendo más dinero en promover la imagen del Presidente de turno que en resolver los problemas  de salud, seguridad, evitar el conflicto de intereses de la Justicia y tener un Congreso que apenas legisla cuando le conviene al Gobierno, pero que no fiscaliza al Presidente ni representa los intereses de los electores.
   
¡El gran reto de todo seguidor de Cristo es luchar por un cambio definitivo de este estado anómico y calamitoso!


 


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