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Ante el umbral de una gran tragedia

Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel | ACTUALIZADO 13.03.2018 - 8:06 pm

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A Justin Olivo Ortiz, mi hijo, un patriota en cierne

Haití ha estado ahí presente antes nuestros ojos desde los días mismos de la independencia, actuando para obtener las cosas que no ha podido lograr desde la separación misma, el dominio del cual disfrutó de esta parte de la isla. En los primeros años de la separación su superioridad militar lo impulsaba a incursionar permanentemente en el territorio dominicano, afectando considerablemente la recién fundada nación.
 
Sus acciones obligaron a los dominicanos a dar respuestas, en el mismo plano militar, sobreviviendo a sus permanentes embestidas, sobreponiéndose como lo ha hecho a todos los intentos de ocupación, incluso, por otras naciones.
   
Las proezas históricas están consignadas en nuestra historia y escritas para servir de paradigma a las nuevas generaciones. Nadie en su sano juicio puede pretender que “Fundir” ambas naciones, por el mero capricho de otras incapaces de asumir su rol en la ya crisis humanitaria presente en nuestros vecinos constituya la mejor alternativa o la más viables como consideran otros.
   
Los gobernantes de los últimos 40 años han sido benévolos al permitir la penetración de miles de nacionales haitianos a desempeñar diferentes labores al territorio dominicano, sin documentación, sin restricciones propias de otros países a los inmigrantes extranjeros. Los miles de nacionales residentes en nuestros países jamás han sido objeto de una política deliberada por parte del Estado orientada a la discriminación, por el contrario, quien a lo largo de la historia de estas fatídicas relaciones se ha mostrado irresponsable al permitir su presencia excesiva ha sido el pueblo dominicano.
   
Por esas razones quizás, la crisis humanitaria permanente padecida por esta empobrecida nación no llegado a otros niveles de calamidad. Los socorros de este país son permanentes, en la salud, la alimentación, en todos los aspectos de la vida humana.
   
Ese trato y esas políticas  anti haitianas esbozadas por las elites irresponsables de la vecina nación se remontan a muchos anos y son fruto de la frustración, la envidia, los traumas políticos y sus fracasos, al contemplar como aquellos débiles, con sus firmezas fueron lentamente construyendo y proyectando a la Republica Dominicana al nivel de las naciones más desarrolladas.
   
Los esfuerzos realizados por la RD en todos los Foros Internaciones, en los cuales se le dado la oportunidad de presentar el problema ha enfatizado la necesidad de acudir en auxilio de estos, con la salvedad de que ya el nuestro no posee las condiciones para atender el éxodo sistemático de miles y miles de haitianos atravesando nuestra frontera.
   
Peor, los reiterados intentos de diálogos con las “las autoridades”, también, lucen más que infructuoso, toda vez  que sus reacciones, en vez de propiciar la solución, empujan a nuevos conflictos, donde se afecta, incluso, el escaso comercio del cual dependen para obtener los productos básicos de su precaria alimentación. La inviabilidad de Haití y la escasa solidaridad, luego de la fatalidad del terremoto del 2010, se ha profundizado a unos niveles insospechados.
  
Ante la falta de las autoridades emergen sin control, cientos de ONGs, bajo el supuesto, de ocupar roles, a los cuales no escapan, la intromisión en los temas concernientes a las buenas relaciones entre los Estados. Estas organizaciones sustentadas con ayuda de muchos países desarrollados pretenden endosar la realidad haitiana a la Republica Dominicana. Para ello se valen de tramas tejidas con la complicidad de algunos dominicanos, seudointelectuales, técnicos comprometidos con políticas foráneas, las cuales atentan contra la dominicanidad.

Sobran muchas razones para pensar que la llegada de la nueva Embajadora de los Estados Unidos, luego de sus declaraciones, donde muestra cierto grado de inclinación para justificar la existencia apatridia de los hijos de los nacionales haitianos en transido en la RD pudieran significar el preludio de nuevos desencuentros entre ambas naciones, de por sí, deterioradas por la poca posibilidad de poner en marcha los diálogos de la Comisión Mixta, organismo con la autoridad para emprender el camino de la solución de gran parte de los problemas prevalecientes.
   
Las espinosas realidades de culturas, idiomas, nivel de desarrollo obstaculizan cualquier tipo de vínculos más allá del establecido en los paradigmas de naciones que comparten territorios comunes y poseen un desbalance en sus estadios de desarrollo. No lo ignora nadie, a nivel global. La recurrencia sistemática a plantear alternativas exógenas pudiera servir de acicate para propiciar nuevas separaciones, nuevos caprichos capaces de conducirnos por caminos inciertos.
   
El nerviosismo de estas declaraciones obligaron al gobierno dominicano a sellar las fronteras; cientos de soldados llegan cada día a cubrir aquel vasto territorio donde las diferencias ecológicas son notables; la presión para penetrarla continua; los peligros acechan por doquier y, mientras esto acontece, los debates a nivel internacional, sobre la inmigración, apuntan a reguardar las fronteras. Lo hacen lo propio Estados Unidos; lo hace, también, España, en particular; mientras la Unión Europea, admite que nunca como ahora la ola humana tratando de llegar a Europa, procedente de los países de Asia menor, envueltos en conflictos, ha sido tan significativa.
   
En fin, los ánimos caldeados entre los dominicanos nos hacen pensar que pudiéramos estar ante el umbral de una gran tragedia. Y, no fruto de la naturaleza, conste!



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