16 Diciembre 2018 12:16 PM

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Aprópiese de la Palabra

Maricela Ortiz

Maricela Ortiz

Maricela Ortiz | ACTUALIZADO 12.02.2018 - 7:47 pm

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Todo el que diserta debe saber comunicar, si es que tiene una intención comunicativa, por tanto, para llegar a los demás de una forma entendible, clara y precisa, es necesario tener dominio del discurso; y la mejor manera es apropiarse y dominar lo que se quiere comunicar.

En esta ocasión me voy a referir a la exhortación de la Palabra de Dios, la cual no da lugar a la improvisación, debido a que todo lo que se hable de la Biblia debe hacerse a la luz de Las Escrituras; es por ella que todo aquel que exhorte y predique debe primero, apropiarse del mensaje.
   
Por lo que, predicar un sermón no se trata de hablar bonito o elocuente, sino de la responsabilidad de aquellos que han sido llamados por Dios a predicar el Evangelio de Jesucristo; entendiendo que tienen que sujetarse al mensaje que porta la Palabra.
   
La forma de apropiarse de la Palabra es estudiarla con meditación y detenimiento, dándole lugar al Espíritu Santo que obre, hasta que se haga rema.   “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,” 2 Co. 4:13

Es a través de la Palabra que conocemos el corazón de Dios, lo que piensa, lo que Él es en sí, su esencia, su amor por la humanidad, su propósito de salvación, sus promesas… es donde podemos experimentar su gloria por medio de Él revelarse a través de Las Escrituras a nuestras vidas. En la oración nos comunicamos con Él y Él nos habla a través de su Palabra.

Permítanme tomar a Ezequiel en este caso de apropiación de la Palabra.         Leamos: “Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella había un rollo de libro.” Ez. 2:9

Podemos ver en este capítulo 2 de Ezequiel, que él estaba interesado en ver, y en saber qué Dios le iba a mostrar, por eso se quedó en la presencia del Señor. Hay que anhelar su presencia y querer saber Su voluntad.
   
Hoy día la lectura de la Biblia no se valora, ignorando muchos que las llaves del reino están decodificadas en ella, igualmente, los misterios de Dios nos son revelados a través de la misma, y es la razón que, en estos tiempos, no vemos la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, porque no están yendo al fundamento, a la fuente que activa las ventanas de los cielos.
   
Todo lo del mundo espiritual está en la Biblia y para traerlo al plano natural hay que leerla, y permitir que el Consolador, el Espíritu Santo, sea nuestro guía; pero tenemos que querer y anhelar su presencia.

Ezequiel vio el rollo que estaba escrito por delante y por detrás y vio lo que estaba escrito. Él pudo ver la Biblia, la palabra de Dios. El mensaje que debía exhortar era fuerte, pero él era un enviado de Dios, y los enviados de Dios tienen que sujetarse a la Palabra.  
   
“Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré contigo. Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba. Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día.
   
Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.” Ez. 2:1-5
En ese momento a Ezequiel le fue revelada esa parte, un mensaje de lamentaciones, endechas y ayes, el cual tuvo que predicar. Yo no sé cuál es su llamado, pero sí puedo decirle, que si Dios lo llamó aprópiese y sujétese a predicar lo que Dios quiere comunicar a su iglesia.    



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