18 Octubre 2018 10:21 PM

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Mentir es fácil, ¿pero cómo descubrir la mentira?

Pedro Mendoza

Pedro Mendoza

Pedro Mendoza | ACTUALIZADO 11.02.2018 - 6:58 pm

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Este artículo debió salir publicado en noviembre 2017, pero al enviarlo a LA INFORMACION vía internet nunca llegó a la redacción de este diario.

El otro día me topé con un conocido mío que hace tiempo no veía. Me contó que a pesar de que me había visto varias veces en un supermercado, no se atrevió saludarme porque se sentía  avergonzado de que los amigos de sus padres supieran que estuvo preso durante cinco años en Estados Unidos. A seguidas dijo: “Doctor Mendoza, no cometí el delito por el cual me condenaron. Allá me sometieron a la prueba del detector de mentira y eso me puso tan nervioso que me puse pálido, verde y hasta tartamudo; en fin, que no pasé la prueba y dijeron que “me quemé” porque les hablé embuste y que yo sí fui cómplice por encubrimiento de un amigo que robó en un almacén.  ¿Usted cree que sea posible que un aparato pueda descubrir si una persona miente o dice la verdad?”
   
Una MENTIRA no es más que una expresión contraria a la verdad a sabiendas de que no es cierto lo que se dice. La mentira tiene distintos significados sicológicos dependiendo del motivo que tenga la persona para mentir. No significa lo mismo mentir por miedo que mentir por afán de lucro o de obtener ventajas o el beneficio de una duda (los delincuentes reincidentes son expertos en este último recurso). No es lo mismo mentir para otorgarse  un valimiento que no se tiene, o el postín que no se tiene,  que decir una mentira por venganza personal o por venganza política, o elaborar una mentira para encubrir una conducta nada honorable como la infidelidad y el olvido de deudas por pagar.

¿Acaso es posible descubrir siempre que alguien miente usando un detector de mentiras? Bueno, hace 210 años los chinos crearon el primer método para saber si la persona sospechosa de cometer un delito mentía o decía la verdad durante los interrogatorios de la Policía. El policía investigador preguntaba al sospechoso si era el autor, por ejemplo, del robo de una lengua de vaca de una carnicería, pero antes de contestar le colocaba en la boca un puño de polvo de arroz  tostado. Era como el gofio de maíz tostado en polvo de los dominicanos. Debido a que cuando usted miente la boca se le reseca, si habla con polvo de arroz o maíz tostado en la boca más resequedad bucal tendrá y por tanto todo el polvo  saldrá disparado hacia afuera puesto que no hay saliva para tragarlo. Si el sospechoso al contestar le llenaba la cara del polvo de arroz al policía, éste creía que si la boca estaba reseca era porque el hombre mentía.
   
Pero en 1917, el oficial de policía de California, USA, G. Larson, probó por primera vez el aparato que conocemos hoy como “detector de mentiras”.    Resulta que si una persona habla mentira o intenta ocultar algo que sabe, su corazón se acelera, su respiración se hace más superficial y rápida y en la piel del individuo hay una atenuación de la resistencia eléctrica. Es decir, que es posible descubrir una reacción psicogalvánica en el individuo que miente ya que su sistema nervioso autónomo se activa y como éste es el regulador de los latidos cardíacos y la respiración, pues estos se alteran. Al sospechoso se le ponen electrodos o sensores en el pecho, abdomen y las muñecas que detectan y envían a un galvanómetro los cambios que se produzcan en la piel, los latidos cardíacos y la respiración. Una delgada aguja inscribe en un papel milimetrado las ondas que representan lo que sucede si se miente o si se dice la verdad. Ese aparato “detector” de mentiras la Policía estadounidense lo usaba con todos los sospechosos de crímenes y delitos.
   
Sin embargo, en  1980 la APA (Asociación Americana de Psicología) dijo que no era cierto que fuese posible detectar con exactitud que una persona miente, por lo que el Congreso de Estados Unidos aprobó en 1988 su eliminación como medio de prueba. Hoy, aunque en muchos casos todavía la Policía de USA lo utiliza en  sospechosos de homicidios, solo está aprobado para aplicarse a los que aspiran ingresar en el FBI, la CIA, el Servicio Secreto, la DEA y la Policía.
   
En resumen, muchos delincuentes  tienen la habilidad de burlar el detector de mentiras y también gente inocente pero muy ansiosa puede quedar atrapada por dicho  aparato al dar a entender que cometió un hecho del cual jamás supo. Por eso la prueba no tiene gran fuerza afirmativa durante un juicio, aunque ayuda al investigador no a probar algo, sino a ser más intuitivo frente al sospechoso.
   
Los humanos han mentido desde su aparición en la Tierra. Mienten políticos, estadistas, intelectuales, religiosos, los ricos y los pobres. Mientras más poder se tiene más se miente para conservarlo o aumentarlo. Por eso la mentira hoy es el dios más idolatrado. Los adolescentes de hoy mienten más que los de ayer porque los padres de hoy mentimos más que los de ayer.  

El autor es Psicoterapeuta familiar Centro Médico Cibao-Utesa








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