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Lo dañino de la reelección presidencial

Ramón E. Durán

Ramón E. Durán

Ramón E. Durán | ACTUALIZADO 10.02.2018 - 12:06 am

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E n cualquier país del mundo donde los gobernantes son elegidos   a través del voto popular y no existen reglas precisa que limiten la reelección como en los Estados Unidos,  se ha comprobado que la reelección presidencial  no es recomendable, es dañina, trae luto, dolor, desasosiego, trauma e intranquilidad a la población.
    Es posible que en el momento de la publicación de este trabajo la situación política de la República  Centro Americana de Honduras se haya  normalizado. Recordemos el  conflicto que allí se presentó fruto de la elecciones presidenciales del pasado 26 de Noviembre donde el actual presidente Juan Orlando Hernández, opto por la reelección.
Como sucede en otros países donde existen regímenes con la ambición de seguir en el poder, el  presidente Juan Orlando Hernández utilizó la mayoría que posee en el Congreso para  modificar la Constitución e imponer la reelección.
    Con un 70 por ciento de los votos computarizados su oponente Salvador Nasralla, mantenía  una ventaja de 5 puntos por encima de Hernández, pero de buenas a primera el Consejo Supremo Electoral paralizó el conteo, y al reiniciarse entonces los resultados se revirtieron en contra de Nasralla.
Hasta los observadores de la O.E.A. en las elecciones  admitieron que en el proceso de votación hubo irregularidades.  Las demás situaciones presentadas  las conocemos a través de los medios de comunicación, de manera que lo sucedido en Honduras es una repetición de la misma historia que se produce en los países donde existen gobernantes continuistas.
En ese país le dieron un Golpe de Estado al Presidente Manuel Zelaya en el año 2009 porque convocó a un referéndum  para explorar la posibilidad de su posible reelección, pero sus propósitos  fueron malogrados porque el dio un giro a la izquierda, de lo contrario sus planes seguro que hubieran prosperado.
En Ecuador, Bolivia y Nicaragua no ha habido problema con la reelección presidencial  porque Rafael Correa, cuando estaba  habilitado, no tuvo gran dificultad para reelegirse. Evo  Morales y Daniel Ortega que todavía   gobiernan, son presidentes populistas que han gobernado en favor de la mayoría de los pobres en esos países. La diferencia de la reelección es que los presidentes progresistas ganan las elecciones convincentemente,  los derechistas como Juan Orlando Hernández ´´ganan,´´ fraudulentamente.
   
Los dominicanos tenemos mucho material para hablar acerca de la  reelección, ese fantasma que persigue a los presidentes que llegan  al poder con la ambición de seguir gobernando.  Joaquín Balaguer nunca ganó unas elecciones limpiamente, Leonel Fernández y Danilo Medina lo han logrado a billetazo limpio, comprando conciencias, con funditas de comida, salami, ron y cerveza.
   
El tema político  de actualidad es la lucha interna del partido oficial en su disputa por  la escogencia del candidato   a la presidencia  de la República en el año 2020,   así como la forma de utilizar el padrón electoral para seleccionar el candidato,  también se habla de la posible reelección del presidente Danilo Medina.
   
Ese afán continuista modificando la constitución de la república por conveniencia política, repetimos, es dañino al interés nacional,  no es lo que más conviene  en  ninguna parte del mundo, pero como bien señaló  en una oportunidad el ex presidente Hipólito Mejía ´´es que el carguito es  bueno.´´
   
Este es el país más politizado del mundo,  no pasamos los 365 días del año  hablando de política,  beisbol, bancas de apuestas bebidas y fiestas,  porque son los entretenimientos favoritos que identifican al dominicano.
   
En su persistencia   reeleccionista los políticos  no nos dan tregua, no bien se juramenta un presidente cuando de inmediato  comienzan los aprestos reeleccionistas para los próximos cuatro años. Ojalá un día aparezca un legislador que someta un proyecto de ley que bloquee definidamente la Constitución de la República para aprobar la reelección  continua de los presidentes, o que se adopten normas claras como en la nación norteamericana.
 

 


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